RAFA FERNANDEZ: Pretensión

Exposición individual de Rafael Angel Fernández Piedra (San José, n.1935). 30 obras en pintura al óleo, pastel, técnica mixta y dibujo. Galería Matiz. Del 29 de abril al 14 de mayo, 1986, de lunes a sábado. Dos pinturas al óleo. Salón de honor de la Bienal Lachner y Sáenz. Plaza de la Cultura. Del 6 de mayo en adelante, de martes a domingo.
       
Rafa Fernández, cuya obra pictórica ha tenido amplia publicidad en las dos últimas décadas, en los ámbitos nacional  y centroamericano, ha inscrito ahora su producción en uno de los circuitos artísticos de España.
       
En términos de proyección mercantil, su obra atiende a una necesidad o demanda de un producto llamado “realismo mágico”, que en medios muy especializados cuenta con sus propios críticos, a veces pagados por las propias galerías, y con su particular clientela que exige, por lo general, una buena factura formal y técnica (cocina), una temática agradable, de preferencia onírica o nostálgica y un canon figurativo.
       
Rafa satisface estos requerimientos externos asignando en sus declaraciones públicas mayor importancia al aspecto económico, en la venta, y a la búsqueda de un nivel social determinado, que a los aspectos intrínsecos de su pintura: falta de profundización en su concepto plástico, en la indagatoria y en la realización.

Este esforzado pintor es, sin embargo,  un productor de incesantes imágenes alimentadas por la nostalgia de algo viejo, pero presente: sus recuerdos de infancia en una casona alrededor de la plaza González Víquez, sus pleitos escolares, así como las mujeres que modelaron parte de su percepción del mundo y el entorno sociocultural de la década del 50.
       
Aunque su trayectoria abarca más de 30 años, es en los últimos diez cuando logra reafirmar temáticamente ese testimonio personal, refina su dominio del color, la relación tonal, que es su principal cualidad como pintor.

       
Desde mediados del decenio del 60 empieza a testimoniar sus tipos ideales de mujer, arquetipos femeninos, presentados a menudo frontalidad, a la manera egipcia, en una composición donde nunca faltan, aparte del modelo, tres elementos: objetos sobre las cabezas (cascos, pájaros, frutas o instrumentos musicales), ropajes a base de veladuras y una atmósfera de espera calma, a veces sensual. No son creaciones, sino detonaciones (indicaciones) con base en referencias relamidas de pintores como Chagall, Remedios Varo, Goya y especialmente, Picasso (períodos azul y rosa).

"La dama del Alba", 1985. Óleo/tela.

POETA O PINTOR
       
A raíz de su más reciente muestra en la capital, constituida mayormente por trabajos hechos aquí, el autor nacional se enfrenta a dos opciones en términos de percepción del hecho creativo: que se le vea como poeta, y así se excusen sus contradicciones, y no como pintor, para que no se pueda juzgar plásticamente su obra.
       
Evidentemente la pintura figurativa sólo se salva de la mera descripción a través de la sugestión al espectador, quien evoca sus recuerdos con emoción o mediante el sueño, que referido por medio de elementos visuales trasciende en una poética, no poesía consistente, por lo general, en un acento en la disolución de algunas formas, como “liberando” a las figuras de un contexto espacio-temporal determinado.
       
En el caso de Fernández, que no es poeta, sino que intenta ser pintor, la poética se da al estimular evocaciones oníricas, pero con el uso del color y no de la forma literaria. He ahí una veta que utiliza pero en la que no profundiza, por temor tal vez a independizarse de la figuración, de fácil comprensión para el espectador como potencial cliente.
       
Por otra parte, en su muestra, los óleos de pequeño formato marcan un contrapunto con los medianos y grandes, al resumir mejor cierta conducta intimista. La limitación física del espacio pictórico le permite concentrar cierta intensidad que se traduce en un mayor vigor expresivo, del cual carecen sus cuadros de mayores formatos donde el pintor, tal vez consciente, cubre esas deficiencias con recursos técnicos y formales debilitados por falta de profundidad y de tiempo.
       
En los medianos y grandes formatos, con una sola excepción, se pretende y se logra crear un panorama hedonista de juego de color; con los amarillos, azules y morados. Consciente, tal vez, de los riesgos de los efectos visuales de algunos de sus recursos, ha refinado el empleo de la veladura haciéndola menos fina o preciosista; por otra parte, su dibujo ha sufrido una notable mejoría formal, no expresiva. Sus pasteles siguen siendo, en cambio, tan solo una extensión de más fácil adquisición que sus pinturas al óleo.

"El sueño", 1985. Óleo/tela. Detalle

EXCEPCIÓN A LA REGLA
       
La única excepción en términos de propuesta nueva, y aparentemente desconectada de su proceso, es la obra gran formato titulada “El sueño”, presente ya en la capital española, donde una figura recostada en escorzo es prueba de refinamiento, o cocina, involucrando cierto grafismo a través del uso de un instrumento de punta, y que conforma una pintura sensible.
       
Sigue aquí Fernández el color, en tanto que directriz sensible, como símbolo visible de una pasión alimentada por un ideal de belleza o arquetipo, opuesto a la forma plástica abstracta considerada como directriz racional.
       
Podemos afirmar, sin temor a errar, que Rafa Fernández se ha constituido en un pintor de oficio, sin llegar a ser un extraordinario “cocinero”, que reafirma un concepto de muchos años atrás, sin mayor profundización.
       
Rafa a secas, ha llegado a un nivel profesional no por la vía de la indagatoria y el desarrollo intelectual, sino a través de mucho trabajo y de no permitirse el aventurarse con gratuidad, que es el destino del arte en el siglo XX.

Juan Carlos Flores Zúñiga, M.A., BSc, CPLC

Fuente: La Nación. SINABI (2017), p.2B. Publicado el viernes 23 de mayo, 1986. Revisado por el autor el 30 de marzo, 2018.

Comentarios

Más leídos