ENRIQUE ECHANDI: Maestro sin huella
Exposición del
pintor Enrique Echandi Montero(1866-1959). Ocho obras en óleo sobre
tela y madera, y dibujo a lápiz. Museo de Arte Costarricense (MAC), La Sabana.
De martes a domingo.
El
tiempo es el mejor juez de una obra: debemos reconocer que son muchas las
manifestaciones plásticas que, aprobadas por el gusto imperante en un período
determinado de la historia, no han
trascendido en los siguientes, y viceversa.
En
este sentido ubico parte de la obra en retrato de Enrique Echandi,
perteneciente a su período más prolífico, 1889-1950.
Con
la distancia temporal que favorece el juicio objetivo es posible reconocer en
algunas obras de Echandi a un retratista formidable para la Costa Rica,
indiferente al arte, que le tocó vivir.
La
huella de su quehacer profesional, no obstante, no se dejó sentir entonces ni
ahora, pese a que su principal obra se mantiene firme ante el paso de
manifestaciones plásticas más pretenciosas y efímeras.
Entre
el último cuarto del siglo XIX, y el primero del presente, era más prudente
dedicarse a tareas más “productivas” como el comercio o la agricultura. Algo
similar dijeron sentenciosamente unos
caballeros costarricenses a Echandi, a su regreso de Alemania en 1891 tras estudiar dibujo y pintura dentro de cánones académicos.
Ignorando
toda advertencia, él insiste en la práctica de la pintura convencido de que su destino era más fuerte que las conveniencias. Es el
primer costarricense que aprende a pintar óptima y profesionalmente.
Su sueño según escribió Abelardo Bonilla no era "egoísta
y personalísimo: se proponía prepararse para fundar
a su regreso una Escuela de Bellas Artes: un propósito altruista y generoso de Maestro" ("Un recuerdo a la extraordinaria personalidad de Enrique Echandi”. Diario de Costa Rica, San José,
C. R. 1-03-1959.)
De hecho, solicitó a su regreso al Gobierno de Costa Rica un modesto auxilio económico
que le ayudase a organizar y preparar la escuela, pero la apabullante respuesta oficial fue negativa, según el historiador Luis Ferrero porque se creía que “un país joven como Costa Rica necesita más
que artistas, buenos agricultores que sepan cómo hacer producir una manzana de frijoles". (Citado por Ferrero, Luis. 1963. Enrique Echandi: vida y obra. Editorial Don Quijote, San José, Coszta Rica, P.11)
INTEGRIDAD Y LEGADO
No
se puede decir, en sentido estricto, que tuviera discípulos, ya que aún en sus
pocas actividades como docente en colegios de secundaria como el Liceo de Costa Rica, no contó con talentos individuales
que asimilaran su conocimiento y conducta en el arte.
Uno de los problemas claves parece residir según explicó el propio Echandi en el sistema educativo oficial que no reconoce “la necesidad de estimular, principalmente
en las escuelas rurales, el sentido de lo bello, haciendo
que el campesino aprecie todo lo hermoso que la naturaleza nos brindá. Así se le inspira a sentir no sólo
admiración por las fuerzas materiales, sino a que
tenga conciencia de su valer personal y a que trate,
aunque sea rudimentariamente, de desarrollar sus facultades artísticas” ("Del dibujo y su pedagogía en los planteles de primera y segunda enseñanzas", citado por FOURNIER CRISTINA. Datos para una biografía y semblanza de don Enrique Echandi. San José, C. R., Academia de Bellas Artes de la Universidad de Costa Rica, 1960, p. 27-30).
No llega Echandi a ser el pintor de la burguesía ascendente, enriquecida por el cultivo y la exportación de café. Es cierto que realiza algunos retratos por encargo, pero los oligarcas prefieren seguir la corriente de moda, más neoclásica, superficial, cargada de detalles y generosa con los mecenas de la obra. Produce un centenar de óleos y cerca de unos dos mil dibujos, según un recuento familiar.
He aquí donde el trabajo como retratista, que es el que más interesa en Echandi, revela diferencias con respecto a la obra de pintores europeos emigrados, residentes en el país, como Emilio Span y Tomás Povedano.
Echandi opta no sólo por el verismo en el detalle, sino por la captación del carácter del personaje ya sea una dama de posición como “María von Hossel” (1904), un modesto investigador “El entomólogo”, o él mismo en “Autorretrato” (1891).
"Autorretrato", 1891. Óleo/tela. Enrique Echandi. Colección BCCCR. Foto: AKEZ
ABISMO Y GRATUIDAD
Debe
añadirse que, como pocos, supo definir, sin pretenderlo tal vez, una atmósfera
laxativa en sus retratos, que refleja el medio local. Acostumbrado
a la penuria económica, si ello es posible, suele no hacer concesiones, lo que
le permite profundizar psicológicamente en la naturaleza del modelo, al que
presenta contra un fondo neutral, por lo general oscuro, que contrasta con la
luminosidad de los rostros, principalmente.
Este
pintor que acepta su destino pese a las complicaciones socioeconómicas, no debe
nada a nadie, y lo que realiza lo hace sin esperar el aplauso y el
reconocimiento.
La
lección más importante de Echandi en el entorno costarricense es que impone,
por primera vez, una conducta artística, aunque casi nadie le siga. En otras
palabras, hace suya la mejor definición de arte que conozco ”aventurarse al abismo, con gratuidad”.
No espera nada de su entorno sociocultural, pero da todo lo que su talento y
disciplina le permiten en términos de quehacer y hecho creativo. Algo inusitado
aún hoy en día.
En
cuanto a su oficio, se supedita a lo que desea comunicar; no en vano algunos de
sus estudios o dibujos a lápiz como el de un hombre recostado que posee el MAC,
fueron hechos en el reverso de invitaciones, de programas, volantes de cine o
turnos.
Su
trabajo es una obra de convicción y sensibilidad. Es cierto que su escuela se
emparenta con cierta “cosa muerta” del arte de los museos de fin de siglo XIX,
y que propiamente su aporte conceptual es débil, pero en el retrato logró
alcanzar, a veces, niveles de excelencia aún no superados en la plástica local,
en el ámbito de la figuración verista.
Consciente,
tal vez de las limitaciones de su quehacer en la desinformada nación de su
tiempo, no va demasiado lejos en su práctica pero lo que concreta lo hace con
dignidad y sin falsas búsquedas. Este esforzado pintor es el vínculo
involuntario y concreto entre la escuela neoclásica de principios acotados y
rígidos, centrada en el paisaje y la figura humana, y las nuevas generaciones
que retoman tardíamente el impresionismo en su sentido de pintar al aire libre
y con urgencia, especialmente a partir del decenio del treinta.
Juan Carlos Flores Zúñiga, M.A., BSc, CPLC, AICA
Fuente:
La Nación. SINABI (2017), p.2B. Publicado el viernes 20 de Junio, 1986.
Revisado por el autor el 4 de abril, 2018.
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