JEAN-CHRISTOPHE BOURG: Experimentalismo
Exposición individual del escultor francés, Jean Cristophe Bourg. 20
obras de pequeño formato en vidrio
“reciclado” (Termoformage). Biblioteca de la Alianza Francesa. Del 12 al 29 de
agosto, 1986, de lunes a viernes.
Los escultores antiguos se valieron, prácticamente,
de todos los materiales que se avinieran a su voluntad de significar, en una
forma tridimensional, aunque ciertas estéticas idealistas fomentaran,
principalmente, dos: piedra y madera; y sólo más tarde, el metal.
La escultura carece de límites precisos, como
bien lo revelan las múltiples definiciones que dan teóricos e historiadores, o
las que se encuentran en diccionarios acerca del tema. En nuestro siglo, se
admite corrientemente en su definición, que la escultura permite todo tipo de medios.
De ese modo puede serlo una cortina suspendida a través de un cañón (Christo) o
una pila de ladrillos ordenados (Carl André). No obstante, las obras
contemporáneas demandan del espectador un papel muy activo, en cuanto
intérprete de ellas.
Sin embargo, prevalece aún en las más disparatadas
obras de los escultores de ayer y de hoy, sean figurativas o no figurativas, un
denominador común: el sentido del equilibrio y el respeto por el medio o
material empleados.
Así, cada concepto particular sobre la
escultura está ligado, cuando es serio y auténtico, a los recursos con los que
trabaja.
La obra monumental expuesta públicamente y la
de pequeño formato, que nos ocupa en exposición que presenta la Alianza
Francesa, del escultor francés Jean-Christophe Bourg (n.1955), es reflejo de
los cambios de actitud generalizados en la escultura de los decenios recientes.
Conocidos más por sus trabajo no figurativos que
evocan lo orgánico en madera, piedra, metal, plástico y barro, interna ahora
una extensión de su “búsqueda telúrica” por medio de valores formales, texturas
por ejemplo, que le da el vidrio.
Así, a partir del vidrio corriente, que
parece reciclar como material para su obra titulada, genéricamente, “Fósiles industriales”, el autor
pretende persuadirnos de la vertiginosidad del tiempo y el espacio en que
vivimos.
Nostalgia
La mayoría de las piezas dispuestas en la
exhibición se caracterizan por sus tonos verdosos, propios de los antiguos
vidrios que producían ese cromatismo, debido a las impurezas que acumularon
durante su elaboración, especialmente por la existencia, en la arena utilizada
para producir el vidrio, de óxidos de hierro. Lo verdoso aumenta el espesor de
las piezas que han sido dispuestas verticalmente sobre un fondo de fieltro azul
que nada tiene que ver con la borra. Son, en realidad, bajos y altos relieves.
Preocupando como está, por el aspecto formal
con preeminencia sobre el de contenido, el autor descuida mucho la
significación, y deja ese trabajo reflexivo al espectador que, como es lógico,
suele inventar una anécdota a partir de las texturas de cada obra y del título
de la muestra, “Fósiles industriales”.
Cada pieza presenta una especie de tejido
evocador de lo pétreo, producto más bien del azar en la reelaboración del
vidrio, que de una particular voluntad de significar lo orgánico y lo
antropomorfo.
En este sentido, parece dominar más la
intuición, producto del afán experimentalista, que la reflexión, como directriz
que ordena la proposición plástica.
La novela de Herman Hesse, “El juego de abalorios” es, juntamente con “los diseños antojadizos que forman el hielo”, inspiradora de su
muestra, según confesión del propio autor. Es probable que así lo sea tangencialmente
en el aspecto literario. Sólo que el empeño no trasciende, agotándose en lo
simplemente anecdótico. Su propuesta es, en ese sentido, un juego de aprendizajes.
Las posibilidades del vidrio se debilitan en
manos de Bourg, quien testimonia más el producto sin elaborar, en un ejercicio
lúdico, que un avance significativo en su reciente proceso escultórico.
Juan Carlos Flores Zúñiga, M.A., BSc, CPLC
Fuente: La
Nación. SINABI (2017), p.2B. Publico el viernes 29 de agosto, 1986.
Revisado
por el autor el 10 de abril, 2018.
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