Materia de origen: la tierra en el arte de José Ángel Santiago

Exhibiciones paralelas del artista José Ángel Santiago, “La Casa, el Cielo y la Serpiente”.  32 piezas entre cerámica, dibujos, mixtas y gráfica. Galería Quetzalli, Oaxaca, México. Del 3 de Julio al 30 de Setiembre 2021. 26 piezas en cerámica, dibujos mixtas y gráfica. Casa de la Cultura Oaxaqueña, Oaxaca, México. Del 2 de Julio al 30 de Noviembre 2021. Ambas están abierta de martes a domingo.

El mexicano José Ángel Santiago, (Juchitán, Istmo de Tehuantepec, Oaxaca, n. 1990), elabora su forma de arte repasando los significados del uso de la tierra y del lenguaje ancestral de la cultura zapoteca, la cual -y como es común entre los pueblos originarios del continente, es materia sagrada, tierra transformada en barro, al mezclarse con agua y pasar por el fuego, para obtener utensilios de uso doméstico o para rituales cosmogónicos cuando se rinde culto a los ancestros.

 "La Casa, el cielo y la serpiente". 2021. Instalación. Casa de la Cultura Oaxaqueña, Oaxaca.

LA CASA, EL CIELO Y LA SERPIENTE

El artista exhibe actualmente en dos muestras paralelas en Oaxaca, México. Con un título como este, rememora la casa que le vio nacer, crecer y forjar su identidad, discursos muy cercanos al arte contemporáneo. Por otro, centra un video que introduce con esa poesía en lengua zapoteca, lo cual implica la importancia de las lenguas originarias en el proceso creativo; necesario para descolonizarlas y estimularlas para que no desaparezcan.

Ya había exhibido en el 2018 en el Museo Carrillo Gil de Ciudad de México,  percepción arraigada al suelo, a la superficie, a la piel del planeta donde se alimenta y experimenta la existencia humana, sobre la cual serpentea la víbora -o aquel “Bestiario”, que también exhibió en el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca, en 2016; abordaje llevado a la pintura y técnicas gráficas, en la cual instala ofrendas, y vasijas funerarias de un simbolismo asimilado de los rituales de sus antepasados zapotecas.

Este joven creador fija la mirada en un cielo abierto, en el cual clarea diversidad de perspectivas de la cultura actual -tanto simbólica que natural-, y que atañe a las criaturas que vuelan unas, o serpentean otras, en ese territorio de la memoria, que cuaja entre las piedras o matorrales de lo que llamamos Madre Tierra, “pachamama”, en la cosmovisión de los pueblos andinos, la cual representaron con la espiral de paso continuo, significando la eterna (dis)continuidad.

ABORDAJE TERRENAL

Por ser la tierra materia origen del planeta, es central en el universo de lo creado, y en particular ahí donde crece la milpa del maíz, merecedora de respeto, en tanto es alimento donado por el Creador, en este paso por la vida con sus vicisitudes intrínsecas, pero que también nacimos de esta semilla que nutre el cuerpo y el espíritu que lo enaltece. José Ángel comenta que él pertenece a un pueblo que vive de la agricultura y la pesca, y evoca de las memorias de sus padres y abuelos, la creencia en el origen de los seres vivientes nacidos de la tierra y el maíz.

“Tonacayotl, el maíz, subsiste la tierra, vive el mundo, poblamos el mundo. El maíz, tonacayotl, es en verdad lo valioso de nuestro ser”. (Códice Florentino, citado por Lara, E. Sf. p.251)

De ahí que un arte que utilice la tierra como materia o el maíz como alimento multiplicador, pues al volver a la tierra genera otra planta, otro ciclo, otra perspectiva de la vida, crea un altar, enciende nuestro aprecio y atención dentro de los discursos del arte actual, que, por lo general, suelen ser ásperos, como el terrón a cultivar y que pide a gritos agua, tiempo, y por esta razón suelen ser discursos críticos entre los distintos saberes de nuestra cultura contemporánea.

SIGNO DE LA CASA

La casa -comenta el artista-, observa el simbolismo del vientre materno, ahí fuimos procreados, nacimos, crecimos y aceptamos la dote del saber ancestral de parte de nuestros padres, y ahí, también llegará la muerte a cubrirnos con su manto para iniciar el viaje hacia donde moran los espíritus. 

Desde dicha noción, esa morada también de tierra es útero del mundo, cueva existencial donde protegernos, y a la cual acudimos pues es donde nos es dado lo necesario para la existencia, y en el c aso del artista, para construir el imaginario simbólico que puebla sus productos artísticos ante la intemperie de la vida, de la competencia, del mercado, del poder y del violento exterior.

"La Casa". 2021. Instalación. Museo Carrillo Gil, Ciudad de México.

INSTALACIÓN EN EL CARRILLO-GIL

El espacio y percepción de la sala donde instaló la propuesta en el 2018, fija la atención en una retícula que, desde la teoría de las estructuras es puerta a la armonía, y en particular la modular del cuadrado, principio de crecimiento, edad, tiempo, ida y regreso. Para Everardo Lara, en el modelo matemático Náhuatl que he venido citando en este ensayo crítico:“…el dos al cuadrado representa la dualidad, el Universo, que se eleva al cuadrado, o materia y energía que dan forma…”  (Lara. p.58)

A imagen y semejanza del referente original o “gnomon” (generador de armonía o regenerador de la dinámica de la forma), dicha figura básica de la geometría articula no solo el espacio sino que, con sus capítulos o módulos, potencia nuevas energías y por ende movimiento, vida, danza, que también es importante en estas manifestaciones autóctonas.  (De recordarse que en la zona de Guanacaste, Costa Rica, frontera sur mesoamericana, ( https://www.experimenta.es/blog/luis-fernando-quiros/diseno-simbolico-en-la-roca-manifestacion-rupestre/ ) existe arte rupestre parietal esgrafiado en la roca, y ahí se puede apreciar esta misma figura de la estructura modular del cuadrado, razón por la cual comparto el enlace a ese artículo de la revista española Experimenta).

Para Santiago, él la asocia a la casa, al terremoto que la (de)construye, en tanto es energía del sistema de placas tectónicas del planeta, y que esa casa cósmica crece hacia lo alto tanto como se hunde en el inframundo, donde el muerto, luego de pasar esta puerta dimensional y cruzar el río, llega al lugar donde conviven los espíritus, y , en el caso de la cosmogonía maya es el árbol Ceiba pentandra, y esos espíritus suben por las raíces hasta el tronco que abre sus potentes ramas hacia las direcciones cósmicas del Supramundo: arriba, abajo, adelante, atrás, derecha, izquierda. Noción que me recuerda el movimiento de las danzas en los rituales de propiciación al enterrar al muerto:

“Izquierda: recuerda el camino de expansión.

Derecha: recuerda el regreso al origen de la creación”

"La Casa, el cielo y la serpiente". 2021. Instalación. Galería Quetzalli, Oaxaca.

MUESTRA EN LA GALERÍA QUETZALLI

La temática central en la exhibición: “El Cielo, la Casa y la Serpiente”, muestra la tierra como soporte, lenguajes e imaginarios de la materialidad ancestral, metáfora que aborda la imagen de las figuras que pueblan cielo o suelo: serpientes, águilas, cactus, laguna que espeja el firmamento, y el terreno agrietado que representa las vicisitudes de la vida, tolerantes con el trabajo de la arcilla -cuota notable en el trabajo de José Ángel Santiago-, donde también hubo fuego, para que ésta, en tanto es materia terrestre, tierra y agua, alfarería, adquiriera consistencia, temple y timbre propio de dicha materialidad.

OTRAS LECTURAS SIMBÓLICAS

Por lo general, estos discursos que pueblan las prácticas artísticas del hoy, me encienden, activan a dar un giro epistemológico por el significado, y representación de aquello en lo que creo, estimula a observar o evocar la historia y las narrativas vernáculas: La convergencia de dos enormes culturas del norte del continente, la Mexica y la Maya, cuya remembranza intento hilar para explicar lo que me gusta ver y pensar del trabajo de un artista, y, por otro, cohesionar el significado de estas figuras de la manifestación visual, propias de un relato que a veces, con el tiempo, pareciera desdibujarse de la memoria histórica, y que para sostenerlo, requieren del arte, y el esfuerzo sensible de los artistas para mantener esta cultura a flote, y como dije su modo de comunicar.

Repasando lo visto en Quetzalli, al mirar cada mole de tierra que me parecen pirámides cónicas, o volcanes, pienso en atlas cartográficos antiquísimos, con mapas o códices de continentes e ilustrando mitos, como la enigmática Aztlán, cuyo territorio fue el Sur de los Estados Unidos actual, y que según el historiador y curador chicano Tomás Ibarra-Frausto (en una conferencia dictada en Temas Centrales 2000 organizada por Teorética, Arte y Pensamiento de Costa Rica) llegó a extender su territorio desde California, toda Mesoamérica y hasta Panamá. (Ibarra-Frausto, Temas Centrales, 2000).

Quizás, por eso es que me empoderan esas memorias que sustentan mi propio bagaje del entorno y pasado del ancestro originario. Y, al pensar en ello, me apropio de esas cosmovisiones que me permiten volar como el águila, vidente chamánico que ve el mundo desde otras alturas. En la mitología de los aztlánes, predecesores de los aztecas, en tiempos inmemoriales. seguían el vuelo del águila, rastreando las curvas al planear entre los vientos para posarse en una tuna. Por ser un talento natural, el vuelo describe curvas logarítmicas áureas en el movimiento de alas, y marcadas relaciones naturales senoidales, cosenoidales, toroidales al surcar la cúpula celeste. Aquellos padres y abuelos de los aztecas la buscaron hasta llegar a una laguna donde la hallaron trepada en una tuna, con una serpiente entre las garras.

La vida y la muerte, la clorofila que deviene de la luz y el veneno que fluye entre los filosos aguijones. ¡Qué intensa representación del Supramundo vrs Inframundo!, del cielo, la tierra, el agua, el fuego, el viento, energías terrestres, y el arte de hoy manifestándose como mediador.

"La Casa, el cielo y la serpiente". 2021. Cerámica. Galería Quetzalli, Oaxaca.

METÁFORA

Ligar la arcilla con que se fabrican esas diminutas tejas vidriadas, que son lodo cocido a alta temperatura, y que adquieren el poder de las configuraciones escultóricas pre-visualizando los orígenes: el cactus que a la vez asemeja pirámides mayas de la gran Mesoamérica, o la mazorca de maíz en cuyos alineamientos de las semillas se dan todas esas mismas figuras topológicas y morfológicas estudiadas por la sacra geometría.

“Originario de Mesoamérica, el maíz se le ha llamado. Tlaolli, de tla, algo, y olli, movimiento o evolución de nuestra Madre Tierra”. (Lara, E. p.251)

Se dice que estas configuraciones piramidales, geodésicas, elípticas, muy altas, buscan alcanzar la estatura de los dioses, y un sentido cosmogónico, funerario, que de alguna manera evocan esos montículos de tierra que dan sostén a las distintas figuras de la casa artesanal, la casa cósmica cargada de energías y simbolismos, cuando su parte superior es similar o refleja la inferior clavada en el inframundo, como en la ilusión de este artista oaxaqueño, que muestra la casa subida en una carreta, como el eterno migrante viajando en las direcciones Norte-Sur o Sur-Norte del continente, pero también que esos ancestros eran importantes navegantes de los océanos y entablaron relaciones con otras culturas entre otras con las de Sudamérica, y en particular la Inca.

Asistimos a una cátedra para conocer un universo mítico, un doble reflejado por el arte y rigor creativo del artista, una imagen fuente de la creación, de los elementos que nos dieron origen: iconografía sagrada como la geométrica de la madre naturaleza -la pachamama, representada en la espiral de paso continuo-, en la cual hay uso de estructuras primarias sosteniendo la representación, un Atlas portando la esfera terrestre, lo sacro y lo mundano, tan propio de nuestras narrativas originarias.

Culto apreciado en la danza, al canto (se recuerdas los “tlacuilos” que dibujaban los códices cantando), pero también a los elementos terrestres como el maíz, el agua, el fuego, los números, las espiras, los aguijones. Todas son figuras de la geometría madre, movimientos armónicos que los ancestros aprendieron observando el cosmos y su reflejo en la naturaleza, mirando en el espejo de las aguas.

En mi indagatoria constante -como en toda investigación para conocer el arte de quien me interesa -, en lo visto de las imágenes fotográficas y documentos estudiados, encontré un pensamiento que liga a Chilam Balam en este contexto focalizado:

Todo mes, todo año, todo sol, todo espíritu, camina y pasa también cuando ha completado su justa medida”. (Lara, E. El Modelo Matemático Náhuatl. 2015 p.27).

Y para concluir, relacionarlo con el hoy, con mis lecturas que refuerzan en lo que creo, y persigo, porque encuentro equilibrio y respeto por el ancestro, agrego otro párrafo esta vez del texto de presentación de la muestra de Santiago en Quetzalli, escrito por Guillermo Santos y que liga a lo terroso de nuestra piel y origen:  Santiago querrá sugerir a través de estas piezas que todos habitamos una misma casa. Una gran casa cósmica en las que las ventanas y puertas y piso están hechos del mismo material que nosotros”.

Luis Fernando Quirós Valverde, Investigador, curador y diseñador

Comentarios

Carlos Barboza Vargas dijo…
La tierra, principio y fin. Todo un mundo por explotar ensoñaciones, y hablar con los espíritus de Comala. Buen trabajo Luis Fernando y del artista también. Saludos.
Eduardo Martin dijo…
Más allá de culturas e imágenes, soy escéptico...
Eduardo Martin dijo…
Me parecen una maravilla, captar, al instante y desarrollar.Muy complejo.

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