MIGUEL HERNÁNDEZ BASTOS: El círculo de la memoria
Revisión retrospectiva de la obra y carrera de Miguel Hernández Bastos (Santa Barbara, Heredia, n. 1961) 152 obras entre dibujo a tinta, carboncillo, tiza pastel, témpera, gouache, pintura al óleo y al acrílico, fumage y técnica mixta. Taller Hernández Bastos, San Pablo, Heredia, Costa Rica. Colección del artista, colecciones privadas y públicas.
Una de las
ambiciones que como crítico he tenido a lo largo de mi carrera ha sido conectar
distintos momentos históricos en la vida y obra de artistas sobre los que he
escrito para examinar con claridad su proceso artístico en retrospectiva.
En 1985 escribí una crítica sobre la segunda exposición individual del artista gráfico Miguel Hernández Bastos (Heredia, n. 1961) , entonces una promesa en la escena local, en la que señalé entre otras cosas su eclecticismo en materia de influencias – futurismo, el comic, la televisión y el pop - mediante una solución irregular en sus dibujos centrada en la representación de “la anatomía humana en un rítmico movimiento, con musculaturas” y rostros indefinidos “que salen al paso tratando de romper metas imaginarias… mezclando la angustia, el dolor, la confusión, pero también, la resolución y el progreso”.1
Obras
recientes de Miguel HERNÁNDEZ BASTOS en su taller de Heredia. Foto: AKEZ
He seguido
desde entonces su carrera sin detenerme mucho a escribir sobre ella esperando
ver los frutos de su indagatoria y madurez en términos de oficio técnico y
concepto plástico. Con más de cuatro décadas de carrera este artista
gráfico se encuentra en un momento crítico como investigador y creativo para
sopesar sus contribuciones a las artes visuales y su potencial legado.
Hernández
Bastos se formó en la academia – fue el primer egresado con grado de
licenciatura de Artes Plásticas en la Universidad Nacional de Heredia – y con
tan solo 21 años ganó en 1982 el premio del salón de dibujo “Tomás Povedano”
por su tríptico “Transitoriedad del hombre”, elaborado con base en tinta
y lápiz con carboncillo sobre papel.2
La obra representa una secuencia que revela tempranamente una indagatoria centrada en la dramática fugacidad de la existencia. En esta entropía gráfica el ojo se desplaza contraintuitivamente de derecha a izquierda cruzando distintos planos donde el trazo humano se extingue vertiginosamente a partir de la caída de la figura inicial. El artista sostiene haberse inspirado en el Salmo 90. El tercer verso del pasaje bíblico declara “Haces que el hombre vuelva a ser polvo”.3
"Transitoriedad
del hombre", 1982. Tríptico. Tinta y lápiz con carboncillo/papel.
Colección MAC
Con base en
la analogía bíblica el dibujante sustenta un movimiento donde la figura de la
derecha compuesta orgánicamente con base en elementos que emulan tallos de
trigo se desintegra de un plano al otro hasta desaparecer en la
oscuridad.
Solo un año
más tarde es distinguido nuevamente, esta vez con el premio de dibujo Aquileo
J. Echeverría por el conjunto de la producción gráfica expuesta en su primera
individual en la desaparecida sala Enrique Echandi. Si bien los premios
se otorgan para estimular un proceso en un momento específico, también ponen un
enorme peso sobre creadores nóveles como Miguel en un medio donde el dibujo
desde entonces se seguía viendo con desdén en términos de práctica profesional
o solo como un medio para hacer pintura y escultura y no un fin en sí
mismo.
“La
liberación” un dibujo a lápiz de 1983 caracteriza la obra expuesta en dicha
muestra que distancia a su autor de su primera producción. Estamos ante
el mismo tratamiento de la figura humana, pero en un movimiento que la libera
de su gravidez y la encamina dinámicamente hacia una definición de la línea
como materia y tema a la vez.
Su segunda
muestra individual en la Plaza de la Cultura en 1985 confirmó su propuesta
sobre el movimiento físico humano basado en una fuerza interior que marca una
suerte de rumbo existencial como es evidente en obras como “Transitoriedad
de la vida” un dibujo realizado con carboncillo sobre papel. El joven
dibujante, sin embargo, presentó una muestra irregular tal vez por la presión
de llenar el espacio sin una curaduría previa, pero también porque algunas
presentaban errores en el escorzo de los brazos y hasta conflictos
manieristas.
"Transitoriedad
de la vida", 1982. Lápiz y carboncillo/papel. Colección BCCR
A pesar de
la falta de armonía conceptual y de oficio, las obras exhibidas en su segunda
individual tenían un origen claramente reconocible al haber sido realizadas en
carbón y tintas teniendo al ser humano como tema central y participando
tácitamente de lo que llamé entonces “deformación ecléctica”.
Me refiero a
la conducta promovida por artistas modernos que recogen lo mejor del
conocimiento acumulado, particularmente del Arte Medieval, del Renacimiento y
las expresiones culturales primitivas para articularlo mediante el estudio y la
copia en soluciones disociadas de su propósito original y convenir nuevos
significados más cercanos al espíritu de la época.
En el caso
de Hernández Bastos se afirmarán a lo largo de su carrera las influencias
tributarias de artistas flamencos del siglo XVI como Brueghel El Viejo, El
Bosco y el manierista italiano Arcimboldo, principalmente. De cada uno estudia
y deforma, respectivamente, la oscuridad del mundo humano, la imaginería
fantástica que combina la religión y el paganismo y las imágenes múltiples
anamórficas que provocan la pareidolia.
Conocimiento,
aceleración y metafísica marcan su proceso a través de representaciones
dominadas por la anatomía humana transformadas como la naturaleza a un ritmo
vertiginoso que acorta la distancia entre la voluntad de crear y lo creado.
La finitud
humana dominará su exploración durante su primera década como artista
profesional pasando gradualmente de la desintegración en los ochenta a la
transformación metamórfica en los noventa.
"Sin título", 1989. Acrílico/tela. Miguel HERNÁNDEZ BASTOS. Colección privada
SILENCIO E
INTERMITENCIA
Como
artista gráfico se desafía a sí mismo continuamente pasando por un período de
silencio expositivo y un autoexamen a mediados del ochenta que es interrumpido
en 1987, por su primera estancia en Nueva York, merced a una beca que le
permite estudiar en el Instituto Pratt de Brooklyn.
Allí
absorbe con la curiosidad insaciable de un niño en una confitería la oferta
visual moderna y contemporánea de museos y galerías e intenta sin éxito
transformarse en un pintor abstracto. Sus instructores mayormente pintores no
figurativos no eran afectos al dibujo puro, ni a las obras con oficio técnico.
Además, un
factor que no se puede ignorar es su militancia a partir de 1988 en el
grupo Bocaracá fundado por el pintor y gestor Luis Chacón, con
el que expone en muestras colectivas dentro y fuera del país, y cuya filosofía
disruptiva influye en su transición de dibujante figurativo a pintor no
figurativo.4
Bajo tales
influencias produce una serie de acrílicos sobre tela y carboncillos y tiza
pastel sobre papel que expone local e internacionalmente en los que representa
en planos de gran formato composiciones de gran verticalidad con base en
pinceladas de colores “sucios” y técnicas matéricas y neoexpresionistas
para exponer el lado oscuro y sombrío de la metrópoli urbana. Ejemplo
patente de ello es la obra sin título de 1988 realizada con acrílico sobre tela
que muestra un conjunto arquitectónico decadente o las figuras dolientes de
otro acrílico sin título del año siguiente.
"Today´s
special", 1990. Carboncillo, acrílico/cartón. Miguel HERNÁNDEZ. Colección
privada.
Cada obra
de esta fase testimonia un relativo acento psicológico al abordar paisajes
urbanos desolados donde domina el anonimato y la muerte dibujada en las calles
y aceras de barrios urbano-marginales. Pero, cada vez que parece encontrar un
nuevo sendero que lo aleja del dibujo, crea disonancias cognitivas con
construcciones mixtas como “Today´s special” de 1990, un acrílico y
carboncillo sobre cartón que parece proyectar una sátira sobre su propio apetito
y la sobreoferta visuales de la metrópoli.5
Hay un
tácito reconocimiento en el dibujante metido a pintor de que la objetividad en
la representación del mundo real es lo que queda cuando algo se acaba.
Por ello,
no debe extrañar que produzca también en el contexto citado obras que señalan a
modo de contrapunto el pronto retorno a sus orígenes eminentemente gráficos
como ocurre en su “Paisaje infinito” un óleo con carboncillo sobre tela
de 1996.
Esta obra
en particular diluye en medio de su gama de ocres, verdes y naranjas formas
humanas que se funden forman un paisaje orgánico y fantástico. No es obra para
vender, sino para investigar como muchas que encontramos a lo largo de su
carrera, tanto que las conserva en su colección particular.
"Paisaje infinito", 1996. Carboncillo y oleo/tela. Miguel HERNÁNDEZ. Colección del artista
Una vena
divergente que explora paralelamente es la ilustración de denuncia bajo la cual
navega entre el realismo social y el expresionismo produciendo pinturas
sociológicas en las que denuncia la prostitución y el narcotráfico con base en
experiencias que plasmó vívidamente en “Turistas”, una tiza sobre pastel
de 1993 y que retomó como muchas de sus líneas de exploración visual una década
más tarde en su emblemática obra “Night Club” de 2004 también tiza
pastel sobre papel.
Esta
disonante colección de pinturas sociológicas comunica con crudeza y a veces
burdamente el abuso de los más vulnerables y la corrupción de los poderosos.
"Night club", 2008. Tiza pastel/papel. Miguel HERNÁNDEZ. Colección del artista
Las obras
de denuncia continuarán de manera intermitente como divertimentos visuales y
oportunidades de exteriorizar su crítica al entorno, pero la abstracción
culminará como fase con la participación del artista en la Bienal de Venecia en
1997 con obras como “Círculo” creada con lápiz, sanguina y témpera sobre
tela.
A su regreso al país vuelve a explorar su producción gráfica anterior y la obra de maestros neoclásicos como Watteau, e Ingres.6 Pero, esta vez pone el dibujo al servicio de composiciones que operan como mosaicos gráficos que llama “viscerales” por centrarse en los órganos vinculados a los sentidos como el placer y el deseo temporales. Ejemplo de ello es óleo con carboncillo y látex sobre tela de 1994 que no lleva título e “Impresiones eróticas en el jardín” una obra en acrílico y carboncillo de 1998. Esta última obra afirma otra línea de investigación que nunca abandona, me refiero al tema del deseo erótico que alcanzará su máxima expresión en el 2017 con su serie de óleo sobre tela “Abrazos”.
"Impresiones
eróticas en el jardín", 1998. Acrílico y carboncillo/tela. Miguel
HERNÁNDEZ. Colección MAC
Tras un
agotamiento de esa vena descriptiva a mediados del noventa se vuelca a los
recursos del trópico a partir de las series de metamorfosis en un ciclo de casi
cinco años durante los cuales sus sujetos cambian de plantas que se transforman
en insectos y viceversa como su dibujo con sanguina de 1998 donde borra
gradualmente lo vegetal en favor de entomológico con un ligero giro hacia
órganos que parecen humanos.
Continua
luego la metamorfosis de las armas en el 2000 que alinea con el concepto de “apropiación”
del posmodernismo de moda en el que había incursionado desde 1996.
Las ficciones posmodernistas de “pistolas arcimboldicas” en tiza pastel sobre papel dominan su producción de 1999 al 2001 como excusas para ridiculizar la violencia, así como el falso poder de los instrumentos que la fomentan.
"Hombre escondido y torsos", 1996. Oleo/tela. Miguel HERNÁNDEZ. Colección MAC.
“Hombre
escondido y torsos” de 1996 es un reflejo claro de la adopción de dicha
corriente que combina la explotación de la dualidad que caracteriza a la
mayoría de los seres humanos para hacer el bien y el mal moviéndose
peligrosamente en el espectro entre ángeles y demonios.
No podemos
ignorar, que durante esta nueva exploración explota, conscientemente o no, los
estudios de entomología de autores locales como el pintor y dibujante Alex
Bierig y los de anatomía de artistas como Leonardo Da Vinci que estuvieron muy
presentes en su formación y cuya comprensión afinó mirando los originales en
museos locales y estadounidenses, respectivamente.
Aunque son obras de un oficio decente, carecen de alma en términos expresivos. Son claramente estudios antes que arte, que encuentran un nicho en el mercado externo durante la segunda estancia de Hernández Bastos en la urbe estadounidense de 1996 al 2001.
"Especies sin nombre", 1999. Carboncillo y lápiz/papel. Miguel HERNÁNDEZ. Colección privada
VIRAJE
EMOCIONAL
Hacia el
final de ésta última experiencia en los Estados Unidos la figura humana vuelve
a ganar protagonismo en su obra como se nota en su serie “sobrevivientes”
de 1999 donde conjuntos de seres anónimos comunican con dramatismo en las
composiciones soledad, angustia y desesperanza por las circunstancias en que
coexisten.
Este viraje
emocional refleja lo que parece una situación de inestabilidad en el artista
que vuelca su producción ahora hacia preocupaciones existencialistas como la
libertad y la responsabilidad, el principio de soledad y relación, y la
búsqueda de la autenticidad.
El dibujo que ha sido la base hasta este momento de la indagatoria de Hernández Bastos nos acerca por primera vez en mucho tiempo a sus pensamientos y sentimientos como artista y nos permite tocar una intimidad que parece, robando el término a la crítica estadounidense Roberta Smith, “metabólica”, porque provoca respuestas espontáneas que nos muestran nuevos aspectos de nosotros mismos como espectadores de sus angustiantes creaciones.
Serie:
"Sobrevivientes", 1999. Técnica mixta. Miguel HERNÁNDEZ. Colección
privada.
Necesitamos
recordar como espectadores, que debido a que la facultad de la vista es
continua como explica el crítico John Berger, “debido a que las categorías
visuales (rojo, amarillo, oscuro, fino, grueso) son siempre constantes y debido
a que son muchas las cosas que parecen permanecer en su lugar, uno tiende a
olvidar que lo visual es siempre el resultado de un encuentro irrepetible,
momentáneo”.6
En otras
palabras, lo que ha concretado Hernández hasta este momento de su indagatoria
es irrepetible y necesario, sin importar su calidad, ha surgido de los derechos
de todo lo que ha aparecido con anterioridad, lo que ha precedido su quehacer
sin importar cuan lejano parezca del dibujo. Parafraseando, la frase a
Cezanne “Está pasando un minuto en la vida del mundo. Píntalo
(dibújalo) como es”.7
El artista despierta y vuelve a lo básico. Recupera la memoria. Es lo que ocurre con sus obras conforme avanza el nuevo milenio. En su serie “Paisajes del olvido” del 2005, la combinación del carboncillo y el óleo sirve para contrastar la dimensión sombría de la existencia de sus figuras en un entorno sobrenatural que nos coloca en un espacio atemporal e indeterminado.
"Paisajes
del olvido", 2005. Carboncillo y óleo/tela. Miguel HERNÁNDEZ. Colección
privada
CLARO COMO
EL HUMO
La crisis
se transforma en oportunidad cuando descubre en el 2008 la técnica surrealista
de pintar con humo o “fumage” que permite mediante el fuego de una vela
o una lampara de kerosene crear imágenes sobre tela o una pieza de papel.
La técnica
inventada y popularizada por el artista austriaco-mexicano, Wolfgang Paalen fue
presentada por primera vez en 1936 en la Exhibición Internacional Surrealista
en Londres con su obra “Dictada por una candela” siguiendo el principio
de que al no ser el humo totalmente controlable se emparenta con el automatismo
psíquico. Ese mismo año Paalen pintó su primer óleo basado en el fumage titulado
“Tierra Prohibida”.8
Otros
pintores surrealistas como Salvador Dalí la emplearon en óleos sobre tela como
“Canibalismo otoñal” realizada en 1936 que invita a la reflexión sobre
el horror y la destrucción de la guerra que amenazaba en España. Los críticos
afirman que la pintura también muestra la naturaleza consumidora de las
relaciones sexuales.
La técnica fue llevada a extremos a inicios de la década del sesenta por Yves Klein que usaba hasta un lanzallamas para pintar con humo en sus disparatadas puestas en escena que eran tanto arte como espectáculo.
Sala
de la muestra "Transhumanos" del 2018 con base en humo. Casa del
artista.
Lo que es
cierto, es que el fumage se ha convertido para Hernández en un
medio para explorar y llevar su dibujo a variaciones exponenciales donde los
límites entre pintura y dibujo prácticamente desaparecen. Pero si fuera solo
humo estaríamos ante un artificio que a fuerza de repetirse se reduciría a un
recurso comercial atractivo para una nueva generación de consumidores sin
memoria y ávidos solo de lo nuevo.
Al año
siguiente de empezar a trabajar con dicha técnica, Hernández incursionó en una
serie de carboncillos con óleo sobre tela a veces abstractos, a veces
figurativos, que levantan el velo a la suma de las experiencias, viajes y
estudios iniciados en 1982.
Emergen
entonces con celeridad sus series casi lúdicas de figuras en movimiento,
interacción circular o jugando al balón o la continua exploración de la
metamorfosis del amor y los arquetipos dualistas.
"Cópula tropical", 2013. Carboncillo, acrílico, humo/tela. Miguel HERNÁNDEZ. Colección privada
En obras
como “Cópula tropical” del 2013 elaborada con carboncillo, humo y
acrílico sobre tela retoma el flujo continuo de lo sensorial y existencial en
un círculo del cual no hay escapatoria solo repetición. El caos ha sido
encapsulado en la estabilidad de los límites del círculo.
Este
concepto muestra su resiliencia con el paso de los años como prueba el humo
sobre lienzo “El círculo o vórtice” realizado en el 2020. Las figuras se
funden en las ondas del sueño que se originan desde un hipnótico vórtice o se
transforman simbióticamente en sus cíborgs de la serie “Transhumanos” del
2018 donde las figuras buscan ser circulares mediante movimientos desdoblados
que crean trayectorias a base de manchas que evocan alas unas veces y
vertiginosa velocidad otras.10
Hay un
esfuerzo consciente de recuperación del pasado por parte del artista, a partir
de al menos tres elementos compositivos y estilísticos propios y recurrentes,
que se fusionan y alternan de manera intermitente como la figura desdoblada, el
paisaje fantasmagórico y la existencia en las sombras. Un ejemplo patente
de ello son sus paisajes imaginarios con base en humo y tinta desarrollados en
el 2014.
Aun cuando provee una clave geográfica para su lectura el paisaje sigue siendo un registro ficticio de algo que solo existe en el plano como en su obra “Tortuguero” en humo, óleo y carboncillo completado en el 2015. O la versión monocroma precedente del mismo título realizada solo en humo y tinta sobre tela. Hay evidentemente una dualidad intencional que sirve al artista para obligarse a salir de su zona de comodidad, el dibujo.
"Tortuguero",
2015. Humo, carboncillo y óleo/tela. Miguel HERNÁNDEZ. Colección privada
CERRANDO EL
CÍRCULO
Para
Hernández Bastos dibujar es descubrir. En su proceso ha sido afirmado unas
veces y refutado muchas otras por su producción gráfica en su intento de
progresar hacia nuevas formas de expresión. Pero al final, los contornos
que ha dibujado ya no marcan el límite de lo que ha visto, sino el límite de
aquello en que se ha convertido parafraseando al crítico John Berger.9
No importa ya si se trata de una recuperación de los maestros que ha estudiado y admira como Arcimboldo en el desdoblamiento de su óleo y humo sobre tela “Naturaleza: Crisis y esperanza” o simplemente un tributo impresionista al amarillo explotado por Pierre Bonnard como ocurre en “Tempus Fugit” un Humo y óleo sobre tela de este año.
"Tempus fugit", 2023. Humo y óleo/tela. Miguel HERNÁNDEZ. Colección privada.
Su
producción de los últimos años está ordenada en secuencias de espacio y tiempo
indeterminados, con rostros indescifrables que se funden en atmósferas donde
transitan sus frágiles existencias tratando de romper cierta oscuridad para
alcanzar lo que no se ve, a veces de manera confusa y hasta gratuita,
confirmando una consistente disciplina e indagatoria visual por parte del
costarricense que no cree haber alcanzado aún su obra definitiva de
madurez. Tal vez necesita mirar autocríticamente de nuevo. Hay dibujos
que estudian y cuestionan lo visible, otros que muestran y comunican ideas y,
por último, aquellos que se hacen de memoria.
Todo esto
puede sonar metafísico, pero la realidad es que Hernández Bastos nunca ha
dejado de dibujar incluso cuando pretendía pintar abstracto. Cada serie que ha
desarrollado es una marca hecha en el papel o la tela que equivale a una piedra
fina que salta a la siguiente hasta cruzar el tema dibujado como si se tratara
de un río, hasta dejar aparentemente todo atrás.
A
diferencia del pintor o el escultor, el dibujante no termina su obra con el
lienzo o la estatua esculpida. Puede empezar con una idea final o un plan en
mente, pero si tiene el oficio y el concepto desarrollados nunca terminará
donde pensaba porque se vuelve más interesante lo que va a descubrir que el
dibujo mismo. En retrospectiva, el artista costarricense se ha movido
entre la ambición y la desilusión simultáneamente.
Puede que Miguel Hernández Bastos no lo haya comprendido aún, pero al final las líneas en el papel o la tela, en el dibujo puro, con humo, carboncillo o mezclado con el óleo y el acrílico, son las huellas que ha dejado tras de si como una migración óptica en la que su mirada se ha vuelto una con el mismo objeto que ha venido dibujando con redundancia creativa. Solo el dibujo logrado, se quedará allí para siempre. El círculo de la memoria se ha cerrado, el registro de la ausente se ha vuelto presente.
Juan Carlos Flores Zúñiga, M.A., BSc, CPLC, AICA
Referencias Bibliográficas
1.
Flores
Zúñiga, J.C. (1985, Junio 7). MIGUEL HERNÁNDEZ: Cuando la velocidad se llama
búsqueda. La Nación, San José, Costa Rica.
https://arskriterion.blogspot.com/1985/06/miguel-hernandez-cuando-la-velocidad-se.html
2.
S/A. (15 de
diciembre, 1982 – 15 de enero, 1983). Primer Salón de Dibujo Tomás Povedano. Plaza
de la Cultura. Impreso por Museo de Arte Costarricense, Ministerio de Cultura,
Juventud y Deportes.
3.
La
Biblia de las Américas. (1997). Salmos 90. The
Lockman Foundation. P. 792. https://www.lbla.com/
4.
Pau
Llosa, Ricardo (1997, noviembre 17). Conferencia: Lo latinoamericano en el arte
contemporáneo de Costa Rica. Museo de Arte y Diseño Contemporáneo, San José,
Costa Rica. https://madc.cr/es/edu/conferenciay-proyeccion-lo-latinoamericano-en-el-arte-contemporaneo-de-costa-rica
5.
Aguilar
Zúñiga, Thais (1989, enero 29). Miguel Hernández resurge en la pintura.
Suplemento “Ancora”, La Nación, Sección D. San José, Costa Rica.
6.
Smith, Roberta (2022,
January 20). Drawing, a cure for the January Blahs. New York Times, E.U.A.
7.
Berger,
John. 2005. Sobre el dibujo. Editorial Gustavo Gili, Barcelona, España. P. 52.
8.
Deleuze,
Gilles. 1991. ¿Qué es filosofía?, citando a Cézanne: "«Está pasando un
minuto del mundo», no lo conservaremos sin «volvernos él mismo», dice Cézanne.
No se está en el mundo, se deviene con el mundo, se deviene contemplándolo.
Todo es visión, devenir. Se deviene universo". Editorial Anagrama,
Barcelona, España. Pp. 170-171.
9.
Paalen, Wolfgang. 1938.
Sin título/Fumage. Art Institute of Chicago, Illinois, E.U.A. https://www.artic.edu/artworks/268925/untitled-fumage
10. Berger, J. 2005. Ibid. p. 7.
11.
Aguilar,
Thais. (2018, Setiembre 2). Los cíborgs de Miguel Hernández. Suplemento
“Ancora”, La Nación, San José, Costa Rica.







Comentarios
La espigas sesgadas que desaparecen graduales, posterior a la labranza de una vida, puede ser reforzada está idea en el orden de lectura de la pieza