FELO GARCÍA: Culto a lo irracional

Exposición de Rafael “Felo” García (Costa Rica, n. 1928) “Composición”. 26 obras: siete en técnica mixta sobre madera y/o tela, nueve óleos sobre tela y/o madera, una tinta sobre papel, dos monotipias, cuatro obras en metal sobre madera y tres tallas directas sobre madera. Museo Nacional de Arte Costarricense. Del 31 de octubre del 2019 al 28 de febrero de 2020, de martes a domingo.

Hay dos conceptos que a menudo se mezclan en el discurso sobre las artes visuales pero que difieren significativamente entre sí:  innovación y creatividad. Como ha puntualizado el investigador estadounidense William E. Coyne, “La creatividad es pensar en ideas nuevas y apropiadas, mientras que la innovación es la aplicación con éxito de las ideas dentro de una organización. En otras palabras, la creatividad es el concepto y la innovación es el proceso. “

La creatividad, no obstante, es acerca de las ideas. Se trata de nuevas formas de ver las cosas. La innovación, en cambio, es acerca de hacer las cosas. Se trata de la aplicación práctica artística, cultural o comercial. Por lo tanto, una idea sólo es verdaderamente innovadora si se introduce en un entorno y sobrevive. La prueba del tiempo en el mercado o entorno cultural es crucial para probar la validez e impacto de una innovación. En otras palabras, la recurrente lealtad de quien la recibe como espectador a lo largo del tiempo.

En el contexto cultural costarricense, la innovación ha estado a menudo disociada de la creatividad.  Somos capaces de introducir ideas de origen foráneo, relativamente nuevas, mediante obras artísticas que reflejan su desarrollo en el extranjero, pero nuestro compromiso local con el proceso de adopción de la innovación suele ser inconsistente. 

La experiencia artística local en el ámbito de la abstracción – lírica, y geométrica – viene al caso a raíz de la muestra retrospectiva de Rafael “Felo” García titulada “Composición”, en exhibición en el Museo de Arte Costarricense, que resume con obras realizadas entre 1957 y el 2002 la trayectoria de uno de los cinco pioneros costarricenses en esta tendencia de innovación plástica.

Sala de exposición "Antología" de Felo García en el MAC. Foto: Juan Carlos Flores Zúñiga

CINCO PIONEROS DEL CONTEXTO

Los cinco principales pioneros de la abstracción en las artes visuales costarricenses son, históricamente: Manuel de la Cruz González quien durante su estancia en Maracaibo Venezuela, donde realizó en 1952  una muestra individual que incluía sus primeras pinturas de orientación abstracta a partir; Margarita Bertheau quien en 1953 presentó en la Alianza Francesa, de la capital josefina, sus acuarelas de inspiración cubista; Lola Fernández quien presentó sus primeros óleos abstractos en París en 1957 y al año siguiente en Costa Rica; Carmen Santos Fernández, con sus óleos abstractos que exhibió en el Museo de Arte Moderno de la capital federal mexicana a mediados de 1958; y luego Felo García con su exhibición individual en el Museo Nacional de Costa Rica, también en 1958.

Con excepción de Bertheau y Santos, la tendencia dominante en los artistas que incursionaron en la no figuración, a partir de los cincuentas, fue inicialmente la llamada abstracción lírica con la que innovó el teórico y artista ruso Vassily Kandinsky (1866-1944) a partir de 1910. La misma consiste en la expresión de la emoción pictórica del artista, individual e inmediata. Sus seguidores rechazaron representar la realidad de forma objetiva. Aunque la acuarela fue la técnica de expresión preferida, también utilizaron el óleo y las técnicas mixtas, pero con clara predominancia del color sobre la forma.

El mismo Kandinsky innovó nuevamente, a partir de los veintes, creando una nueva tendencia con la abstracción geométrica que se basaba en el uso de formas geométricas simples combinadas en composiciones subjetivas sobre espacios irreales. Según Kandinsky, fue una reacción al excesivo subjetivismo de los artistas plásticos precedentes y un intento de distanciarse de lo puramente emocional.

El discurso crítico de estos artistas se complementó con una exaltación exacerbada de las dos dimensiones frente al esfuerzo de la mayoría de los movimientos anteriores que trataban de representar una realidad tridimensional.

En el contexto local, Carmen Santos y Felo García, principalmente, y Manuel de La Cruz González en menor grado, transicionaron hacia lo matérico-constructivista como revelan sus respectivas obras en técnicas mixtas, en la primera, y de corte constructivista en los dos últimos.

Recordemos que todos los autores citados experimentaron estas innovaciones, de segunda mano, entre los cuarentas y los cincuentas, en los contextos foráneos donde desarrollaron su más importante curva de aprendizaje como artistas visuales, a saber, Italia, Francia y Colombia (Lola Fernández), Cuba y Colombia (Margarita Bertheau), Cuba, y Venezuela (Manuel de la Cruz González), Estados Unidos y México (Carmen Santos), Inglaterra, Cuba y Colombia (Felo García).

Desde la perspectiva contemporánea, sus respectivos aportes, en lo que concierne a la innovación fueron incrementales, no disruptivos como pretenden algunos “entendidos” locales.  Fueron incrementales porque lo que pretendieron con sus esfuerzos creativos, con la posible excepción de Carmen Santos, fue enfocar sus procesos y producciones creativas a fines contingentes como causar una disrupción social y cultural en el entorno que acusaban de “nulo” (Fernández), o “miserable” (García) y que pretendían “sacudir” (González y García) con sus propuestas especialmente a partir de 1958.

Ese año coincidieron tres muestras individuales no figurativas decisivas, todas en el Museo Nacional de Costa Rica, presentadas respectivamente, por Lola Fernández (abril), Felo García (noviembre) y Manuel de la Cruz González (diciembre). 

Aunque los discursos de algunos de los artistas citados en la prensa de la época no fueron inicialmente negativos, la recepción de la audiencia local estuvo lejos de ser cálida.  Las olas creadas con su innovación incremental, sin embargo, fueron capitalizadas por un artista emergente, Juan Luis Rodríguez Sibaja, que empezaba a experimentar con la no figuración.  Él fue quien por primera vez  los reunió junto con otros artistas locales para la  primera muestra colectiva de arte moderno en espacio público, que tuvo lugar en el Parque Central de San José, en 1960. 

Ese evento fue el preámbulo para el establecimiento del grupo 8 del que tanto se ha hablado y escrito, hasta el punto de usarlo como una línea divisoria imaginaria entre el antes y después en el arte costarricense.

Si vamos a ser justos, la innovación en las artes visuales locales siempre ha pretendido ser disruptiva, pero ha terminado siendo meramente incremental. Cada década ha contado con un crucial agente para el cambio y la innovación.  Quico Quirós fue el agente cultural decisivo, en la década del treinta, al coligar artistas dispersos y darles un norte filosófico mediante la llamada “nueva sensibilidad” que en realidad consistió en mirar hacia lo propio para comunicar cierta sustancia idiosincrática.  

Max Jiménez fue el agente disruptivo principal en la década siguiente con su enfoque antimodernista hacia el volumen, la deformación de las figuras en el plano bidimensional y su acento temático afrocaribeño. En los cincuentas la influencia decisiva fue la de Manuel de la Cruz González, mientras el relevo generacional en los sesentas fue “Felo” García.

Todos pretendieron “sacudir” el entorno laxativo local basados en las experiencias que adoptaron, sin mayor discusión, en sus vivencias en el exterior, compartiendo obras e ideas que tal vez era innovadoras para la Costa Rica a las que les correspondió regresar, pero que ya eran historia en sus fuentes de origen.  

Lo anterior no impidió, en la mayoría de los casos, que se convirtieran en promotores del cambio impulsando una agenda en detrimento de sus respectivos procesos artísticos, que llevó, en lo particular, a crear un legado obras pobres e irregulares ideativamente y conceptualmente inconsistentes.

Por otra parte, en términos de estatus social y económico, estaban desconectados de la realidad que vivía la mayoría de los costarricenses para quienes las oportunidades de estudio y desarrollo académico y profesional que disfrutaron en el exterior como artistas eran sencillamente inalcanzables.

Desde una perspectiva sociológica, era una minoría privilegiada intentando dictar a la mayoría, desde los márgenes del arte, como debían pensar y crear a partir de sus esfuerzos estéticos “innovadores”.

Pero, a diferencia de las anteriores, "Felo" García contó a su favor con un cambio de paradigma político y económico que fomentó condiciones únicas para el desarrollo de una propuesta artística no tradicional.

"Estructura urbana", 1957. Mixta sobre madera. Foto: Juan C. Flores Zúñiga

PARADOJA Y MERCADO

Tras la guerra civil de 1948 y la constituyente aprobada en 1949, la sociedad costarricense empezó a cambiar rápidamente, impulsada por factores políticos y económicos más que artísticos caracterizados por la adopción de un modelo capitalista desarrollista promovido en los cincuentas por Estados Unidos y sus aliados y la intervención gradual del Estado en el arte y la cultura.   
No obstante, en poco más de una década pasamos de ser una sociedad mayormente agrícola a otra progresivamente urbana con pretensiones de metrópoli.

Paralelamente el incipiente mercado artístico con pocos espacios de exhibición creció exponencialmente mediante una política cultural desde el Estado impulsada a partir de 1963 con la creación de la Dirección General de Artes y Letras (DGAL) que ocupó, a la sazón, “Felo” García quien favoreció el alineamiento entre la nueva oferta artística y un mercado con mayor poder adquisitivo e interés en el arte como valor agregado.  

Su primera tarea fue abrir espacios de exhibición artística patrocinados por el Estado, crear incentivos económicos anuales a la producción artística y fomentar el intercambio internacional y la formación continua mediante becas y otras facilidades. Uno de los frutos evidentes de su contribución fue que para fines de los setentas Costa Rica contaba con más de 22 espacios de exhibición, la mayoría privados.

Paralelamente, la influencia de curadores y promotores del modernismo abstracto como el cubano José Gómez Sicre, quien al frente del Museo de la OEA promovió artistas seminales costarricense como Lola Fernández, Manuel de la Cruz González, César Valverde, y el propio Felo García, entre otros, impulsó en el medio local y regional una tácita oposición a las manifestaciones artísticas de la primera mitad del siglo XX, que pretendían preservar la esencia local en las artes visuales.

La nueva generación de artistas que emergen, muchos de ellos con formación artística en el exterior, busca, a diferencia de la anterior, ser aceptada y vender, niega el pasado por desconocimiento o desinterés, adopta y repite, con poca disciplina, las fórmulas plásticas posmodernas, aunque perjudiquen con el tiempo el desarrollo de una obra propia y significativa en la escena artística local, creando la verdadera línea divisoria entre el antes y el después en el arte local. 

La generación de artistas de los sesentas, sin embargo, careció de un compromiso conceptual orgánico con las vanguardias. Es decir que adoptaron las formas y técnicas de las tendencias, pero no la sustancia conceptual que explicaba su desarrollo.  No obstante, las abandonaron una vez que pudieron establecerse en distintas posiciones académicas, estatales y privadas. 

También, contribuyeron los cambios geopolíticos y culturales dentro y fuera la región que volvieron progresivamente obsoletos sus manifiestos y aportes estéticos, afirmando el abandono de la abstracción por parte casi todos los artistas de los cincuentas y sesentas, incluyendo a pioneros como García.

"Nocturno urbano", 1960. Mixta sobre madera. Foto: Juan Carlos Flores Zúñiga.

MIRADA RETROSPECTIVA

La exhibición actual en el Museo de Arte Costarricense permite explorar la trayectoria de Felo García entre 1957 y el 2002 de manera sucinta y aproximar críticamente un juicio sobre el mérito de su contribución como artista al medio local, más allá de su establecido papel como agente de cambio en el arte y la cultura nacionales.

Más allá de las limitaciones propias del montaje de la muestra realizado en la pequeña sala asignada a nuevas adquisiciones, que hacen lucir la muestra mal iluminada, apretujada y expuesta – al menos tres las obras quedaron fuera de la sala en un área anexa usada como comedor – lo que no deja de sorprender es la ausencia de un catálogo razonado como se ha hecho con la mayoría de las muestras precedentes en el MAC. Una versión breve y tardía fue introducido hasta enero de este año para el público general.

La actitud desprolija de los responsables del MAC recuerda paradójicamente al propio “Felo” García cuando puntualizó en un documental del 2009, producido por la UNED, que su primera muestra individual en el Museo Nacional en 1958 fue recibida con el desparpajo de burlas de quienes no dieron importancia al evento, llegaron dos horas después de la inauguración porque prefirieron ir al cine y luego asomarse a ver que ofrecía Felo.  El artista recuerda que la gente llegaba miraba sus acuarelas y dibujos con sorpresa, pero se reían abiertamente de sus pinturas al óleo no figurativas.

Debo ser franco, con cuarenta años de escribir crítica de arte, sigo sin encontrar una explicación a la reacción del público reportada por García ante su obra. Comprendo que entonces como ahora, muchos espectadores se pregunten, a veces indignados, si este o aquel objeto con el que son confrontados es arte o no. Los neodadaístas de fines de los cincuentas, al menos enriquecían la discusión respondiendo “ciertamente no”.  Eso hacía que su aporte fuera realmente disruptivo.

Pero, no en el caso costarricense.  Creativos como García, realmente, se tomaban en serio la idea de que su innovación iba de la mano con la creatividad artística y que podían romper con lo que se consideraba arte hasta entonces, creando un antes y un después.

García fomentó mediante obras como “Estructura urbana” de 1957, en técnica mixta sobre madera, la libertad formal y conceptual del expresionismo abstracto y el arte matérico, asimilado de escenarios plásticos europeos y norteamericanos. Pero, este aporte que se afirma en obras como “Nocturno Urbano” de 1960, también técnica mixta sobre madera empieza a agotarse conforme su atención se dispersa entre la promoción cultural, la práctica de la arquitectura y otros emprendimientos. 

De hecho, como revela el recorrido cronológico de la muestra, García modera su aporte hasta convertirse en “historia viviente”, por medio de su repetición progresiva de técnicas y maneras: pintura de acción como las obras con base en técnica mixta sobre tela “Galaxia” de 1963, “Génesis” de 1965,  y en óleos sobre tela como  “Irazú” de 1967, en las obras de estilo tachista como “Guerrero rojo” mixta sobre tela de 1962, arte pop , y materismo,  de las cuales la presente exhibición incluye los paisajes metálicos sobre madera producidos en 1968 principalmente y cuya fuente de inspiración es claramente neodadaísta.

"Galaxia", 1963. Mixta sobre tela. Foto: Juan Carlos Flores Zúñiga

DEL NEODADÁ AL TUGURIO

En las obras de finales de los sesenta retoma las técnicas originales del dada empastando sobre madera desechos de láminas de zinc, volantes de automóvil, fragmentos de parachoques, luces direccionales, engranajes, cadenas de bicicleta y hasta cortes de piezas metálicas oxidadas.  No se trata de una composición orgánica, ya que García retoma la técnica, pero no la actitud anti-
artística del dadaísmo original.

Como neodadaísta ya no está interesado en entretenerse con lo que produce, como tal vez lo fue cuando iniciaba a fines de los cincuentas o “sacudir” al público al exhibir objetos que lo disturben. Recordemos a modo de contraste algunas obras de dadá original como el orinal que Marcel Duchamp bautizó “Fuente” o la herramienta de carpintería para serruchar sobre la que se asienta un drenaje de plomería llamada “Dios” desarrollada por la Baronesa Elsa von Freytag-Loringhoven y Morton Schamberg.

El nihilismo del dadá era una protesta anti-artística en respuesta a la guerra y una realidad desesperada. Mientras el neodadaísmo de fines de los sesentas es producido en estudios confortables con la seguridad de una audiencia joven ávida de novedad. La irreverencia hacia lo convencional sigue patente en las producciones de fines del setenta, pero bajo una máscara de irreverencia calculada. 

García asume una postura ventajosa donde puede hacer lo que guste, sin mayor consecuencia o riesgo económico.  De hecho, pasa de no vender un solo cuadro en su primera exposición en 1958 – el único comprador desistió de comprar el único cuadro reservado - al éxito comercial con los tugurios a partir de 1973 y de allí a la comodidad de sumergirse en la misma temática urbana sin producir nada nuevo hasta el cambio de milenio.

García nunca ha creído en explicar su concepto a lo largo de su carrera, ya que asume que la obra debe hablar por si misma para ser arte.  El intelectualismo de la abstracción nunca encontró en él un teórico, solo un agitador atento y dispuesto. 

Su obra es claramente asincrónica como veremos más adelante, exenta de intelectualismo y justificada solamente en el culto a la irracionalidad de la emoción que lo ha impulsado desde empezó su carrera como deportista a los quince años y que fue lo que le abrió puertas para estudiar arquitectura y producir arte.

No obstante, puntualizó en una entrevista tras recibir el premio Magón del 2008, que el deporte requiere disciplina, pero el arte no, porque es emoción y sin emoción no le es posible pintar.

"Metálico con ruedas Mini", 1968. Collage de metal sobre madera. Foto: Juan Carlos Flores Zúñiga

ASINCRONISMO

En términos de proceso artístico García no progresa linealmente, sino que nos asalta con producciones asincrónicas y retro. Volverá al expresionismo abstracto de énfasis lírico en 1998 con una serie de óleos sobre madera y tela inspirados en temas de la naturaleza marina.  La muestra incluye, por ejemplo, “Inmersión”, “Algas” y “Tsunami”, entre otras.

Tras su incursión en el neodadaísmo con base en sus propuestas a partir de desechos metálicos, da paso con su exposición individual de óleos en 1973 a la preeminencia del espacio arquitectónico ambientado en escenas urbanas de tugurios que dominará la mitad de su carrera posterior.

Un ejemplo de ello es su obra mixta sobre madera de 1976, “La Colmena”.

En sus propias palabras (2016) a pesar de que la arquitectura debe servir un propósito funcional, y hasta utilitario, es un arte que se expresa como “escultura habitable” y es justamente lo que ve en los tugurios que pueblan los límites urbanos.  No hay seres humanos en sus composiciones al óleo del período, ya que se trata de espacios arquitectónico-habitables. 

No estamos ante una denuncia de las asimetrías sociales y económicas, o en todo caso de un nuevo intento de disrupción.  La recepción de estas obras entre la audiencia local es amplia y exitosa comercialmente por lo que muchas de sus obras pasan a colecciones estatales y privadas.  Hay algo de justicia poética en esta fase de la carrera de García para con los maestros de la escuela nacionalista, uno de los cuales Quico Quirós le estimulo y guío inicialmente en la pintura como él mismo ha confesado.

Esta veta figurativa continúa siendo explorada por García ininterrumpidamente como evidencian sus pinturas al óleo del 1993 “Después de la lluvia” y “Geometría urbana” del 2002.

Sin apartarse de esta temática presenta sus monotipias en color, en 1985, que se inspiran mayormente en los “motifs” de los óleos y técnicas mixtas sobre tugurios y paisajes urbanos iniciados en 1973.

El proceso italiano del grabado conocido como monotipia data del siglo XVII: permite obtener, por medio de la impresión calcográfica sobre un metal, cristal, etc., una pieza única de grabado, aunque también, se puede conseguir a partir de un grabado que se manipula pictóricamente.

"El largo día: del amanecer al anochecer", 1999. Monotipia color. Foto: Juan C. Flores Zúñiga

ASEPSIA E INFLUENCIA

Con una “asepsia” arquitectónica, testimonia en las monotipias expuestas, como en sus óleos y técnicas mixtas figurativas, el entorno nacional a partir de casuchas de barrios marginales, según dos estilos: uno, a partir de veladuras y una construcción geométrica con pequeños cuadrados que parecen ventanas, lo que lo emparenta con Feininger, y, dos, el traslado de temas y formas a una técnica plástica diferente, a partir de representaciones similares en óleo.

El primer estilo, aunque no propio, es más interesante, porque Felo construye en planos superpuestos como veladuras, elementos constructivos sutilmente reconocibles y, en el otro estilo obvio, con sábanas, cables de tendido eléctrico, techumbres y muros que en conjunto transmiten la imagen de la arquitectura urbana propia de los anillos de miseria.

El artista elige sus temas con miras, principalmente, a poner de manifiesto ciertos problemas de forma, que no son nuevos y que han sido resueltos antes con mayor pureza formal.

La influencia de Lyonel Feininger, pintor estadounidense que murió en 1956, es determinante.  Como él, Felo García emplea una estructura geométrica, un lenguaje de fondo naturalista, y el cromatismo a veces suavísimo.  No obstante, construye sus cuadros con triángulos superpuestos que parecen transparentes que sugieren una sucesión de capas, como algunos telones de teatro. 

Como en Feininger, todas esas formas parecen ensamblarse, unas dentro de otras, para comunicar la idea de la profundidad y permitir al artista simplificar los contornos de los objetos sin que el cuadro parezca plano.

La diferencia es que Feininger encontró su esencia en el estilo de su invención a principios del siglo XX, García sólo adopta su manera.

"Geometría urbana", 2002. Óleo/tela. Foto: Juan Carlos Flores Zúñiga

Al autor costarricense le gusta seleccionar temas como tugurios y de arquitectura urbana que se prestan para poner en juego sus triángulos y diagonales. Esta exploración en diversos medios continúa hasta fines del milenio cuando intenta definitivamente concretar sus descubrimientos de las décadas anteriores en el medio escultórico mediante tallas en madera.  

La exhibición incluye tres de estas tallas, todas realizadas en el año 2000, e inspiradas en las barriadas populares urbanas que recreó primero en sus obras de los setentas.

Estoy persuadido de que no se necesita ser arquitecto para proyectar un tugurio, pero si se necesita ser artista para interpretarlo visualmente, ora en el óleo, ora en la monotipia, ora en la talla en madera o en cualquier otra técnica artística más allá de si la obra se conceptualiza como figurativa o abstracta.

Al fin y al cabo, la exposición “Composición” de "Felo" García es una oportunidad para explorar de primera mano la trayectoria, proceso artístico y legado, a partir de obras poco o nada conocidas, de uno de los innovadores de la segunda mitad del siglo XX cuya labor como gestor cultural sobrepasó con creces su obra y contribuyó decisivamente a cambiar los paradigmas locales para siempre.

Juan Carlos Flores Zúñiga, M.A., BSc, CPLC, ACC, AICA

Comentarios

Luis Fernando Quirós Valverde dijo…
Esta crítica me parece importante y clarificadora de los procesos históricos y la memoria.
Alfonso Peña dijo…
Excelente artículo crítico. Una pena el trato que el MAC brindó a la obra de Felo García.
Alfonso Chase Brenes dijo…
Siempre tendrá su lugar como uno de los pioneros de la abstracción costarricense aunque emblemáticamente sus "tugurios" dominaran el interés del mercado. Tu revisión crítica abona la ruta del examen retrospectivo pendiente sobre Felo García.
Lilileth Clemens dijo…
Muy bien contextualizada e informada crítica de arte. Siga adelante Juan Carlos.
Orietta Oreamuno Gomez dijo…
Excelente critica sobre un autor y promotor cultural fundamental.
Leticia Leon dijo…
Oportuna y experta. Gracias por permitirnos acercanos con sensibilidad e inteligencia a la obra y legado de Felo García.
Alice Gomez dijo…
Oportuna y experta. Gracias por permitirnos acercanos con sensibilidad e inteligencia a la obra y legado de Felo García.
María Vargas Alvarado dijo…
Un artista pionero y un gestor cultural sin parangón. Su crítica es muy esclarecedora y permite con perspectiva sopesar los aportes a las artes visuales de Felo García. Gracias.
Carlos Barboza Vargas dijo…
Que pena el Fallecimiento de Felo García. Fue profesor mío en Bellas Artes de la Universidad, me dio clases de Dibujo Arquitectónico entre 1964-65. También como Director de Artes y Letras, nos apoyó como Grupo Totem y escribió sobre nosotros. Es interesante volver a oír el análisis que has hecho de su retrospectiva como pintor en el MAC. he estado pensando en el movimiento abstracto que se generó en Costa Rica, del cual fue uno de los impulsores y que viví siendo estudiante de arte en San José. Un movimiento artístico se nace en un determinado lugar, digamos el renacimiento en Florencia, y eso es como tirar una piedra en un estanque, se van formando círculos. Los lugares más cercanos lo asimilan pronto y en el círculo más lejano en ese tiempo pasaba un siglo. Con el arte abstracto paso lo mismo y por ejemplo en España círculo próximo se empezó a practicar en Zaragoza en 1947. Formaron el Grupo Pórtico y nació también en un estudio de arquitectos fue el Arq. Santiago Lagunas su impulsor, ( con el que tuve amistad) junto con Aguayo y Duce…., antes del Dau al Set 1948 en Barcelona y luego el Grupo el Paso, 1957 en Madrid. Viví esos movimientos cuando estudiaba en Madrid. Así que Felo, Manuel de la Cruz, Lola, Néstor….estaban al día en ese movimiento formando parte de ese círculo internacional. Bueno amigo recordemos al Arquitecto, pintor, profesor como merece su obra y persona y Q.E.P.D. Un abrazo Juan Carlos.
Juan Carlos Flores Zuniga dijo…
Gracias Carlos. Tu remembranza esta llena de oportunidades para el descubrimiento y la relectura historica y critica.

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