RESEÑA: ¿Identidad cultural? en el primer cuarto del siglo XXI
Exhibición colectiva “VOCES: patria y libertad”. 140 obras entre dibujos, grabados, cerámicas, pinturas, instalaciones y esculturas de 87 artistas, nuevos y veteranos. Galería Talentum, Barrio Otoya, San José, Costa Rica. Del 15 de febrero al 20 de mayo del 2026.
En el año 2025 la sociedad costarricense, al igual que el resto del mundo, culminó el primer cuarto del siglo XXI; en el cual, la identidad cultural forma parte importante de este entramado. El reconocimiento de este factor dentro de la evolución temporal permite a quienes nos dedicamos a la historia del arte, la historia de las culturas, la crítica, la sociología del arte, la antropología del arte, los estudios patrimoniales, entre otras áreas, examinar cómo la idea colectiva de la identidad sigue siendo un factor pertinente en el constructo ideológico de Costa Rica.
Bajo esta premisa se inserta la exposición Voces: patria e identidad que reunió en la Galería capitalina Talentum a 87 artistas en distintas disciplinas, con diversas técnicas y una variedad de intereses personales, que fueron reunidas bajo la pregunta, apropiada para el momento histórico del país: ¿qué significa ser costarricense hoy?
Esta es una cuestión que se inserta bajo las complejas coyunturas políticas, culturales y sociales que atraviesa Costa Rica desde hace varios años atrás de este cuarto de siglo y que, por medio de la producción artística, esta exposición propone un espacio de reflexión y diálogo sobre la identidad nacional.
Quisiera, por medio de esta reseña, aportar a la escena de la búsqueda de respuestas de esa pregunta sobre la identidad cultural que abrió la exposición Voces, la cual pone a reflexionar a toda persona que la visita, y que aún más, la admira.
Voy a compartir tres percepciones concretas que me produjo la colectiva durante mi visita.
1. EL PODER DE LA NOSTALGIA
La mayoría de las obras, así como la constitución de la exposición como tal, contiene un fuerte carácter nostálgico. Un sentimiento de nostalgia hacia lo que parece que se ha perdido como sociedad costarricense: yo lo entiendo como la crisis de cultura, la autonomía individual y colectiva, la expresión artística y los derechos humanos.
Esta carencia nos conduce a una enorme incertidumbre y nos lleva a preguntarnos, ¿quiénes somos?, ¿quiénes fuimos?, ¿quiénes estamos siendo?, ¿hacia dónde nos estamos yendo [como sociedad]? Veo específicamente esta nostalgia a partir del discurso curatorial con la propuesta de sala titulada “Ayer: Suiza centroamericana. Hoy: ¿Suiza centroamericana?”, lo que abre una serie de cuestiones y críticas fundamentales, tales como: ¿qué está pasando con nuestra identidad [cultural]?
Siguiendo este último cuestionamiento, me parece importante señalar el hecho de que, en los últimos años como sociedad costarricense, parece que estamos intentando adherirnos a otras culturas de los países más grandes, y no solo desde lo cultural, sino también desde lo político y lo social, olvidándonos de lo nuestro y de lo que somos. Pero aquí entra, una vez más, la gran duda que lanza la exposición ¿qué es lo nuestro, ¿qué somos?
Nuevamente estamos olvidando, negando y dejando de lado la identidad que como costarricenses hemos construido y esto es un fenómeno de repetición histórico, puesto que ya lo hicimos con la cultura indígena en el pasado: rechazamos las raíces, culturas y costumbres indígenas para “blanquearnos”, para ser diferentes en Latinoamérica, quitando derechos, ocupando tierras y borrando culturas [y lenguas] a través de una educación que pretende ser uniforme.
Lo que se les ha hecho a las culturas indígenas costarricenses desde la colonización y lo que hemos hecho después de la independencia, es lo mismo que estamos haciendo en este momento con esa identidad que se ha querido mantener, pero que ahora estamos nuevamente olvidando.
2. ENTRE EL TEMOR Y LA PREOCUPACIÓN
Percibo un miedo, una preocupación y una angustia hacia esta pérdida de la autonomía individual y colectiva desde el arte, la cultura y la sociedad. Las obras expuestas, los discursos [visuales] de las personas artistas e inclusive la propuesta curatorial denotan esa conjunción de sentimientos ante la pregunta ¿qué significa ser costarricense hoy?, que yo, como parte del público, traslado el sentimiento hacia la siguiente cuestión: ¿qué nos está pasando?, aquí el arte parece plantear de forma directa este tipo de preguntas.
Se trata de un lenguaje visual que se transforma en una denuncia de injusticias, desigualdades y preocupaciones sociales, culturales, políticas y económicas. Estas denuncias reflejan la serie de coyunturas actuales, que se han ido agravando años atrás, con las diferentes decisiones políticas y económicas y que inciden en la noción de la sociedad sobre lo que está sucediendo.
De esta
forma, una muestra expositiva como Voces se transforma en un lugar para
que las personas artistas, a través de su arte, puedan expresar sus discursos
que ayudan a reforzar la autonomía y la libre expresión, lo cual también parece
ser una inquietud compartida en la inmediatez de la actualidad.
3. LO PINTORESCO NACIONAL
Por último, quiero exponer que, más allá de la percepción de nostalgia y preocupación, es sumamente importante destacar el carácter pintoresco, llamativo y colorido que se expone junto al orgullo de la cultura costarricense. Gran parte de las obras expuestas en Voces se destacan por un intenso juego del color que se vuelve sumamente importante dentro del páramo de oscuridad que alude al sentimiento de angustia que abordé con anterioridad; las personas artistas de esta muestra nos brindan un lenguaje visual que capta nuestra atención desde el interés juguetón de los elementos predominantemente coloridos que, como seres humanos sensibles, no podemos resistirnos a percibirlos.
Algunos de estos elementos son, como bien he apuntado, la paleta de colores utilizada, pero también símbolos patrios [como las mascaradas, los animales que habitan el territorio costarricense, entre otras figuras reconocibles], las formas que parecen moverse [árboles, grupo de personas, animales] y, en algunos casos específicos, trazos y dibujos muy simples que lo que más apremian es la tonalidad de los colores.
Las personas artistas retrataron actividades tradicionales como mascaradas, festivales o pasacalles de una forma muy emotiva, que hace puntual un sentimiento de goce y diversión que, inclusive, se transmite a nosotros como público desde la obra. Desde mi perspectiva, recurrir a este tipo de elementos marca significativamente a quienes ven la obra: dentro de una exposición que explora la identidad cultural de una región, conmueve a la persona espectadora de un modo cercano y donde esta se puede asociar directamente, puesto son elementos que le caracterizan su contexto sociocultural.
Antes de concluir debo mencionar las obras específicas en esta exposición que marcaron de una forma particular la elaboración de esta percepción.
Esto no significa que se menosprecie el trabajo artístico del resto de los artistas, sino que las siguientes obras me ayudaron a crear una delimitación temática [y sentimental] para la redacción de esta reseña: La lección de anatomía como propuesta de poder de Alina González; Patria de Sophia Machado; Salón Bicentenario de Eddy Alexander Montero; Lo que nos hace falta de Enar Cruz; Manda huevo de Fabiola Fallas; La Patria de Marco Philip Figueroa; ¿Quién va a arder? de Iván Sibaja; Amor de mascarada de Manola Miguez; El corazón y la raíz de la democracia de Florencia del Vecchio; Doña Mitza de Marcel París; y ¿Tendremos que huir? de Mey Cantillano.
Finalmente, es importante esbozar una aportación a la premisa que planteé al inicio de este escrito. Con la culminación del primer cuarto del siglo XXI es posible reflexionar que la identidad cultural se encuentra entre dos signos de pregunta [¿identidad cultural?].
Este último fenómeno se ve reflejado desde la pregunta que lanza la propuesta curatorial de la exposición Voces al volverse borrosa y con una connotación cargada de angustia, preocupación y hasta ansiedad. Parece que, por medio de las artes, también es difícil abarcar lo que significa ser costarricense hoy en día. Así, nuestra identidad se vuelve un elemento a poner en balanza sobre lo que ha sido, lo que está siendo y lo que va a ser.
Propongo los dos signos de pregunta para identidad cultural puesto que la percepción de angustia, preocupación y hasta miedo, que ha significado para aquellas personas artistas a través de su lenguaje expresivo lo que pesa ser costarricense, es una invitación para cuestionarnos nuestras actitudes, decisiones y argumentos con los que estamos forjando el carácter identitario de pleno siglo XXI. Esta invitación no es gratuita: es urgente, puesto que el peso de esas preguntas sin respuesta nos habla de una identidad que, de no ser interpelada, corre el riesgo de seguir deshaciéndose en silencio.
Como
conclusión, lo que me resulta más revelador de Voces: patria e identidad es
que, justamente en un momento en el que la identidad [cultural] costarricense
pareciera fracturarse o hasta disolverse, el arte viene a ser un medio que la
sostiene y que la pone en evidencia. Así, nos encontramos aún a tiempo de ser
conscientes de este proceso específico: reconocer lo que estamos perdiendo
antes de que sea tarde. Espacios como esta exposición colectiva son
precisamente los que hacen posible y visible esa consciencia, porque si el arte
tiene una función social indiscutible es la de obligarnos a mirar lo que muchas
veces se pretende ignorar.
Josué Quirós-Arias, Crítico e historiador de arte










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