FRANCISCO ZÚÑIGA: Legado a la ingrata memoria

Exhibición “Francisco Zúñiga: Cuerpo y permanencia”. 86 obras entre esculturas en talla directa sobre madera, modelado en terracota, y bronce; obra gráfica –tinta, grafito, crayón, lápiz, carboncillo y tiza pastel– y estampa –litografía, xilografía, aguatinta y punta seca–; y pintura al óleo y en acuarela. Museo de Arte Costarricense, San José, Costa Rica.  Del 12 de diciembre del 2025 al 30 de abril, 2026, abierta de martes a domingo.

La presente exposición del artista mexicano -costarricense Francisco Zúñiga (1912-1998) reúne obras provenientes de colecciones privadas y públicas locales, principalmente centradas en lo que este llamó “una representación continua de la feminidad”, capturando y creando particularmente mediante sus "rebosos" en composición piramidal el arquetipo de la mujer del sureste mexicano.

Pese a ser un reflejo parcial de su labor - no hay ninguna mención de sus principales proyectos escultóricos públicos en México - la muestra permite examinar su legado 27 años después de su partida, particularmente en la gráfica, y discutir la lectura contemporánea que se hace de sus figuras como poderosa fuerza de las mujeres como matriarcas, y la ingrata memoria que se tiene aún de sus contribuciones dentro y fuera de su país natal.

En la presente crítica explicamos en que reside el mérito de la obra realizada por Zúñiga principalmente en México, así como el sobredimensionamiento local con que se sigue mitificando su vida y obra.

"Tres mujeres caminando", 1981. Escultura en bronce. Francisco ZÚÑIGA. Colección AMARTE. 
Museo de Arte Costarricense. Foto: AKEZ.

ETERNO APRENDIZ

Zúñiga nació el 27 de diciembre de 1912 en San José, Costa Rica. En 1920, comenzó a trabajar como asistente en el taller de su padre de origen mexicano, Manuel María Zúñiga Rodríguez, considerado uno de los mejores artesanos imagineros de Costa Rica en aquel entonces. Lo primero que aprendió fue a tallar madera y piedra. Principalmente elaboraba en el taller de su padre figuras religiosas por encargo de iglesias locales.

Pero su formación artesanal fue complementada por su acceso a revistas de arte procedentes de España, como “Blanco y Negro” y “La Esfera”, así como a artículos del escritor y crítico cubano Alejo Carpentier en la revista “Carteles”, y las traducciones orales de textos en alemán de Georg Simmel que observó cómo la cultura moderna (objetos, moda, arte) se vuelve cada vez más objetiva y se aleja de la experiencia subjetiva del individuo y Alois Riegl que desarrolló el concepto de "voluntad artística" (Kunstwollen), argumentando que cada época tiene una intención artística única que moldea el estilo, independientemente de las capacidades técnicas de la época.

Con la anuencia de su padre, ingresó a la Escuela de Bellas Artes de Costa Rica como alumno regular, entre 1926 y 1927, pero la abandonó debido a desacuerdos con los métodos de enseñanza del profesor Tomás Povedano, a quien, sin embargo, reconoció como una influencia muy importante en su formación. En 1928, comenzó a pintar al óleo y a realizar pequeñas esculturas de madera de su propia invención.

En 1930, talló su primera escultura en piedra. En 1931, ganó los primeros lugares en pintura y escultura en la Tercera Exposición Nacional de Bellas Artes, en Costa Rica. Destaca en la muestra su modelado en terracota de 1932 modelado por su novia de entonces “Maruja Castro”.

"Maruja Castro", 1932. Modelado en terracota. Francisco ZÜÑIGA. Colección Daniel Yankelewitz. Museo de Arte Costarricense. Foto: AKEZ.

Ese mismo año conoció del movimiento muralista en México por medio de la revista “Forma” y otras publicaciones mexicanas editadas por la Secretaría de Educación Pública que se convirtieron en su principal fuente de información. Aprendió así sobre el arte de Diego Rivera, y José Clemente Orozco, no así de la escultura mexicana menospreciada por los muralistas debido a que, como arte silencioso, carecía de elementos teatrales, por lo que les parecía menos accesible al público.

La mayor parte de su producción calificaba como obra en proceso, testimonio del aprendizaje de un artista entre los 15 y los 23 años, donde las influencias definidas oscilaban entre el plagio y la imitación, con algunas excepciones, sobre todo a partir de 1933, destacando especialmente la de su amigo y mentor, el grabador y pintor Francisco Amighetti.

Zúñiga participa en los “paseos-taller” por la campiña nacional que estimuló Teodorico Quirós a fines de los años veinte, y muchas veces le toca dibujar junto a Amighetti, seis años mayor que él. De éste toma el dibujo sin claroscuro, de líneas curvas y puras, que se revela sin misterio en obras expuestas en la retrospectiva del MAC tales como “Contemplación” (La ventana de 1933) y, “Mujeres en la iglesia” de 1934, donde hay, además, gran similitud con obras al óleo de Amighetti. 

En obras en exhibición como “Olla con chayotes” de 1932 y “Chola” de 1934, maneja una línea que aprisiona masas, rotunda, a la manera de Rivera, aunque sin su tono comprometido ideológicamente.

"La chola", 1934. Oleo/tela. Francisco ZÚÑIGA. Colección familia Castro Guardia. 
Museo de Arte Costarricense. Foto: AKEZ

EN BUSCA DE LOS PASOS PERDIDOS

Pero su transformación decisiva como artista se nutrió de dos fuentes seminales:  Primero, su interés por la cerámica precolombina – que compartía con los escultores Juan Manuel Sánchez y Nestor Zeledón Varela - que pudo estudiar a fondo en 1934 cuando realizó dibujos con acuarela con base en una colección de 44 piezas del período policromo medio (800-1.200 d.C.) de la Gran Nicoya. 

Lo suyo no era nostalgia por el pasado precolombino o el folclorismo, como confesaría más tarde, “no se trata precisamente de regresar al pasado, o de repetir lo que ya se dio en la cultura, como tampoco de hacer a Quetzalcoatl y todas esas figuras que pertenecen a una mitología desaparecida, sino simplemente de insistir en buscar los pasos perdidos, es decir la gran escultura y forma que tuvimos en lo prehispánico”.1

La otra fuente fue el modernismo representado en la pintura por Picasso, Cezanne y Matisse y en la escultura por Rodin, Maillol, Barlach y Brancusi cuya obra conoció por medio de publicaciones que llegaban al país y que conseguía con amigos y en la Biblioteca Nacional. Brancusi fue sin duda una “influencia intelectual” decisiva mediante su obra “El beso” (1907-1908) cuyo concepto consistía en trabajar la piedra en un solo bloque autocontenido. Es justo lo que evidenció Zúñiga en su talla en piedra “Madre e hijo” conocida como “Maternidad” realizada en 1935 y en varias piezas sobre animales realizadas entre 1931 y 1933, el búho, el buitre, el mono y la paloma. 

Los bocetos a lápiz sobre papel tanto de la escultura como del pedestal que nunca completó, incluidos en la presente muestra, confirman su conexión con el cubismo como punto de inflexión en su proceso creativo.

Los reconocimientos locales que recibió en la década del treinta no fueron acicate suficiente para permanecer en el país. E incluso la resistencia y polémica experimentada en torno a su ya citada “Maternidad” no fueron decisivas para que dejara el país al año siguiente. 

El escultor Francisco Zúñiga con el escritor José Marín Cañas observando la talla directa 
en piedra "Maternidad" en 1934. Foto: Archivo

La realidad como ha confesado el propio artista es que “No había un movimiento importante (artístico), y aunque algunos artistas hacían cosas elementales como las que yo hacía, quería -como todos los jóvenes inquietos – salir y ver lo que estaba siendo hecho en otros lugares”.2

Como hemos dejado claro desde 1985, a raíz de su exposición retrospectiva en el MAC, “Zúñiga no abandona Costa Rica por el rechazo público, pues recibe muchas muestras de apoyo, también públicas, sino porque deseaba crecer, necesitaba “un techo más alto”.3

La guerra civil en España le impide cumplir su meta de estudiar en Europa, por lo que viaja finalmente a México en 1936. Al llegar a la Ciudad de México, se presentó ante el pintor Manuel Rodríguez Lozano con una carta de un amigo en común, el escritor costarricense León Pacheco. Zúñiga trabajó en el taller de Rodríguez Lozano, así como en su taller en la Academia de San Carlos. Pero fue Rodríguez Lozano – conocido opositor del movimiento muralista – quien compartió con él conceptos estéticos que lo ayudarían a liberarse de la sombra omnipresente de Ribera, Orozco y Siqueiros alejándose de su exaltación ideológica nacionalista y su lenguaje abigarrado y tremendista. Como resultado la concepción estética de Zúñiga se volvió gradualmente más austera.

Durante este período y hasta 1939, Zúñiga realizó una treintena de óleos a menudo, pero a partir de 1940 se enfoca definitivamente en la escultura al darse cuenta de que no puede subsistir pintando porque el mercado está monopolizado por unos cuantos artistas.

En 1937, se unió al escultor Oliverio Martínez como asistente y colaboró con él en la obra del monumento a la Revolución Mexicana. Por la muerte prematura de Martínez, tocó a Zúñiga concluir algunas de las transferencias a gran formato de lo que habían sido sus creaciones.

"Piedad", 1951. Carboncillo/papel. Francisco ZÚÑIGA. Museo de Arte Costarricense. Foto: AKEZ

En 1938, obtuvo un puesto como asistente en la escuela La Esmeralda. También fue contratado como asistente del escultor Guillermo Ruiz para realizar esculturas monumentales para el gobierno del general Lázaro Cárdenas. Esto le permitió acceder a la fundición de "Materiales de Guerra", donde aprendió la técnica de fundición y conoció a Moisés del Águila, con quien estableció una larga relación de trabajo.

Fundó la Sociedad Mexicana de Escultores junto con Guillermo Ruiz, Rómulo Rozo, Juan Cruz y Fidias Elizondo. En 1939, gracias a la recomendación de Oliverio Martínez, Francisco Zúñiga lo sucedió en la clase de escultura en La Esmeralda, colaboración que cesó hasta 1970.

En 1945, fue nombrado director del Departamento de Terracota, donde realizó una intensa labor hasta 1954. Entre sus discípulos se encuentran escultores y pintores como Manuel Felguérez, Pedro Coronel, y Jorge Dubón entre otros.

En 1947, se casó con Elena Laborde, con quien tuvo tres hijos. En 1954, se estableció en el barrio de Tlalpan, donde abrió su propio estudio por primera vez y donde residió hasta el final de su vida.

Francisco Zúñiga trabajó como escultor en México desde 1936 hasta que perdió la vista perdió la vista en 1990 debido a problemas de salud derivados de su práctica artística que afectaron su nervio óptico. A pesar de esta limitación, continuó trabajando en su estudio personal modelando en terracota. De hecho, su última exposición en 1994 consistió en obras modeladas en ese material.

Tuvo una vida muy productiva, realizando una gran cantidad de esculturas en mármol, ónix, piedra, madera y bronce, así como dibujos en acuarela, crayón, carboncillo, pastel y sanguina. Las pocas pinturas al óleo que realizó fueron de su primera etapa. También realizó una gran cantidad de grabados.

Antes de morir en 1998 había completado 1.100 obras esculpidas realizadas entre 1923 y 1993 mientras su obra pictórica consistió en 500 pinturas y 25 mil obras gráficas.4

"Yalalteca", 1981. Escultura en bronce. Francisco Zúñiga. Colección CORTEL. 
Museo de Arte Costarricense. Foto: AKEZ

CARAS DE UNA MISMA MONEDA

Las obras públicas monumentales y las obras más intimas y apacibles son caras de una misma moneda. No se entiende una sin la otra.  Mientras desarrollaba sus complejas comisiones de monumentos públicos Zúñiga nunca abandonó la indagatoria y desarrollo de una obra más personal.

Desde su primera comisión pública en 1946 en la represa de Valsequillo en Puebla, hasta “Tres generaciones” obra completada en 1985 en Sendai, Japón, Zúñiga buscó que sus esculturas en espacios públicos simbolizaran algo para la comunidad, exaltando sus virtudes cívicas o raíces nacionales. 

En su primer encargo destaca un altorrelieve de un grupo de tres figuras que representan a la gente común de México. La estilización de las figuras se evidencia en trabajadores musculosos, desnudos femeninos de inspiración renacentista. El escritor Alfredo Cardona Peña que la visitó cuando fue completada escribió que su “escultura emerge como una aparición milenaria. Hay una incorporación al paisaje, porque a Zúñiga le interesan los problemas de la escultura en relación con el espacio visual, introduciéndola en el contorno bajo la cruel y transparente luz”.5

Esta obra temprana proyecta el punto de vista observado en los relieves de 1953-1954 del edificio de la Secretaría de Obras Públicas en la Ciudad de México. De estilo similar es el Héroe de la Independencia de México, realizado por Zúñiga en 1948, que representa una gran figura que avanza a grandes zancadas.

Trasciende la visión imitativa de la naturaleza: este hombre se convierte en el Hombre, símbolo de algo más que sí mismo. Los rasgos de su rostro —pómulos altos, ojos almendrados— anuncian su identidad indígena. Un énfasis que consciente y culturalmente Zúñiga continuó estudiando hasta avanzada la década de 1970.

"La riqueza del mar", 1952. Conjunto escultórico en cemento. Francisco ZÚÑIGA. 
Puerto de Veracruz, México. Foto: AKEZ

En Veracruz, en 1952, Zúñiga completó dos grandes encargos que hoy se encuentran en franco abandono: La Cosecha de Pesca, un relieve frente al Banco de Veracruz, de unos 3,4 metros de alto y 15 metros de largo; y La Riqueza del Mar, una escultura en un estanque reflectante, de aproximadamente 3 metros de alto y 9 metros de largo. La Cosecha de Pesca representa quince figuras relacionadas directa e indirectamente con la pesca. A la izquierda hay cinco pescadores: tres con una red, uno sentado agarrando una cuerda y un quinto limpiando un pez grande. Esta generosidad del mar trae consigo cosas buenas, representadas por las figuras a la derecha de los pescadores: una mujer que lleva a un niño pequeño sobre sus hombros y una niña que sostiene un ternero mientras otros dos niños miran desde atrás.

A medida que el relieve se despliega hacia la derecha, dos amantes se abrazan, dos mujeres cosechan fruta, un hombre de pie sujeta un caballo enérgico y una mujer agachada, en cuclillas, ordeña una vaca. Así, la prosperidad en el mar asegura la prosperidad en la tierra.

El diseño de la “Cosecha de Pesca” es estable y clásico, y se lee de izquierda a derecha. El pescador sentado es el límite izquierdo de la composición; la mujer ordeñando la vaca cumple la misma función a la derecha.

Prácticamente todas las demás figuras son acentos verticales en un formato horizontal. El tema y la idealización característica de la forma se deben en parte a un clima político de glorificación del proletariado: el heroísmo de México es el heroísmo del hombre común, universalizado en símbolos de grandeza.

Al recordar a los muralistas, de quienes se derivan muchos relieves como la Cosecha de Pesca, Zúñiga dijo: "El peligro para el arte en México durante muchos años fue que Diego Rivera y muchos otros se dedicaron al arte folclórico, a la creación de objetos pintorescos para el turismo, a crear imágenes decorativas de mexicanos". Afirmó seguidamente: "Mi idea en la escultura era buscar líneas puras, mucho más conectadas con la gran tradición del arte prehispánico. Creo que este es un aspecto que he logrado".6

"La cosecha de pesca", 1952-53. Relieve. Francisco ZÚÑIGA. Banco de Veracruz, México. Foto: AKEZ

PRESENCIA MONUMENTAL

Por más que algunos consideren secundaria la producción monumental y pública de Zúñiga dentro del contexto de su obra general, debemos recordar que los monumentos fueron en cierto sentido el eje alrededor del cual giró la carrera de este artista.

La temática de la obra de Zúñiga examina retrospectivamente la historia de México, hacia los tiempos precolombinos, o bien como en “La Juventud” y en las fuentes del Nuevo Chapultepec, se proyecta hacia el futuro con un asertivo optimismo.

La Juventud” es una escultura de 1964 de Francisco Zúñiga y fue colocada, casi en el mismo lugar, en la inauguración de una de las primeras grandes ampliaciones del campus Zacatenco del Instituto Politécnico Nacional (IPN). Desde entonces, Zacatenco ha crecido hasta convertirse casi en el campus principal de la universidad.

Fue un gran año para Zúñiga. Le colocaron dos esculturas en el Nuevo Chapultepec. Hoy se conoce como la Segunda Sección de Chapultepec. Recibe sólo una fracción del número de visitantes que la primera sección de Chapultepec, pero es un lugar apropiado para la contemplación de sus bronces en la Fuente de los Físicos Nucleares y la cercana Fuente de las Ninfas, ambas realizadas también en 1964. El gigantesco “Hombre saliendo de la tierra” de Zúñiga, en Campeche, también se realizó ese mismo año.

El historiador y crítico Alfonso Ortiz de Neuvillate vio el elemento de crecimiento como una característica en su producción: “Francisco Zúñiga es como Ossip Zadkine, pues ambos crean esculturas orgánicas capaces de ser compatibles con la idea del ser y con la conexión de líneas que nunca son rectas, sino todo lo contrario: cóncavas y convexas, serpenteantes, luminosas y llenas de fuego, provenientes de la pasión del genio volcánico en cada una de las formas espaciales que desafían el espacio y la gravedad”.6

Fuente "Físicos nucleares", 1964. Conjunto escultórico en bronce. Francisco ZÚÑIGA. 
Parque Nuevo Chapultepec, México D.F. Foto: AKEZ

A finales de la década de 1950, Zúñiga cesa de aceptar comisiones del gobierno mexicano y encargos de arte público para desarrollar su distintiva representación del campesino mexicano. No obstante, alegaba el poco tiempo de que disponía para realizarlas y la falta de libertad creativa. Según el artista eran obras cuyo costo nunca supo calcular bien y terminaba perdiendo dinero. 

El artista anunció: Dejando atrás este “arte público”, me concentré una vez más en comprender el volumen y su integración con la forma, lo cóncavo y lo convexo, en la multiplicación de diferentes puntos de vista para crear movimiento y dinamismo, en contraposición a la ilusión de movimiento que obsesionaba a tantos. Me preocupaba lograr contornos definidos y precisos, además de una mayor riqueza de textura; sobre todo, buscaba una tensión interna en mis figuras.”7

Sin embargo, nunca abandonó del todo la escultura monumental como prueban de ello son su “Monumento al Agricultor”, realizado entre 1976 y 1977, que se ubica frente al Aeropuerto Internacional Juan Santamaría hasta su desmantelamiento y traslado al Museo de Arte Costarricense y el grupo escultórico “La Familia” del Instituto Nacional de Seguros, en suelo nacional.

El “Monumento al agricultor” es un tributo “Al campesino y al obrero”, un homenaje al labriego sencillo del que habla nuestro Himno Nacional, al varón, a su mujer e hijo, costarricenses, eternizados en el bendito y honesto instante del trabajo de cada día como ha puntualizado el investigador Andrés Saborío-Bejarano.8

Por otro lado, el conjunto escultórico “A la familia” es un símbolo en bronce, que expresa el ideal fraterno de amor, paz y esperanza universal; y con el trabajo que dignifica al hombre, se encuentra su esposa abrazando a su vástago.

Son obras comisionadas que prueban de manera fehaciente que su autor nunca perdió contacto con su país nativo, donde se siguió exponiendo su trabajo y reconociendo su talento mediante diversos premios y comisiones públicas.   Siete exposiciones de su producción han tenido lugar localmente desde 1954.  Además, el país cuenta con obras públicas suyas como la “Maternidad” (1935) en el Hospital de la Mujer, el monumento al doctor Calderón Guardia (1974) en la plaza de las Garantías Sociales, el ya citado Monumento a la Familia (1978) en el pórtico del Instituto Nacional de Seguros y, por supuesto, el desventurado Monumento al Agricultor (1974), que estuvo cerca del Aeropuerto Internacional Juan Santamaría y hoy permanece desplegado en el Museo de Arte Costarricense.

De la obra personal de Zúñiga hay algunas piezas que se encuentran también expuestas al público: "Evelia con batón" (1978) en el CENAC, una "Yalalteca" (1981) en Correos de Costa Rica, y el espectacular grupo "Mujeres caminando" (1981) en el Museo de Arte Costarricense que forma parte de la exposición que analizamos.

"Monumento al agricultor", 1974. Conjunto en bronce. Francisco ZÚÑIGA. 
Museo de Arte Costarricense. Foto: AKEZ

INDAGATORIA Y SÍNTESIS

Los primeros años en México, fueron de estudio de la cultura y su gente. Pasaba semanas enteras en el Museo de Historia y Arqueología donde aún se podían tocar las obras expuestas, visitando Teotihuacán, u observando los murales de José Clemente Orozco en la Escuela Nacional Preparatoria. Dibujaba infatigablemente el jaguar Azteca, el Chac-mol, hecho de una piedra rosa amarillenta. La misma fuente de inspiración precolombinas de Henry Moore. 

Ponía atención particularmente a sus dimensiones, los planos, la masa estilizada. De ahí marchaba a ver la figura de Xochipilli, el dios Mexica de la primavera, la danza y las flores. Le impresionaban sus piernas con su realismo escultural. También Chicomecóatl, la diosa Mexica de la tierra y el maíz. Luego pasaba a dibujar en el mercado de la Merced que se encuentra en el extremo oriente del Centro Histórico de la Ciudad de México donde las mujeres vendían flores, frutas y vegetales moviéndose entre la belleza y la miseria.9

El dibujo y el grabado se engranan para concebir proyectos más personales mientras recorre el país por varias décadas aprovechando los proyectos escultóricos y arquitectónicos oficiales. Quería conocer a la gente y le intrigaban los rasgos indígenas en sus rostros. Este estudio visual se transformó en la iconografía social relevante presente en sus representaciones de los numerosos monumentos públicos que creó por todo México.

"Suave patria", 1951. Talla en piedra. Zacatecas, México. Francisco ZÚÑIGA. Foto: AKEZ

La década del cincuenta marca la madurez de su obra personal como ocurre con “Suave patria” de 1951. En esta obra realizada en cantera rosa, una piedra volcánica, ligera y porosa, formada por cenizas y lava, ampliamente utilizada debido a su durabilidad y suavidad, ubicado en la entrada sur de Zacatecas, México, esculpe dos mujeres arquetípicas de mirada mestiza con trenzas de tabaco que parecen caminar por un río inspiradas en el célebre poema de Ramón López Velarde escrito en 1921, representando en relieve escenas e imágenes alusivas a la patria cotidiana descrita por el autor. una especie de lírica del himno nacional única y atípica también dentro de su obra poética.

Es curioso observar cómo siendo el concepto de la Patria un referente masculino, los estados-nación emergentes en la segunda mitad del siglo diecinueve, como es el caso de México, prefieren adoptar una figura femenina para simbolizar su mito del origen. 

Zuñiga decía de sí mismo: “mi escultura es aún muy alegórica. Quería hacer algo que, sin ser vulgar, basto y anecdótico, representara ideas en forma muy evidente” 10.

Pero, la obra que acentúa la separación entre la vena monumental pública y la obra que lo caracteriza por el resto de su carrera, es “La Hamaca”, una talla en piedra Xaltocan de origen volcánico tradicionalmente trabajada en San Martín Xaltocan, Tlaxcala, por la que fue premiado en el Salón de Escultura de México en 1957.

Es una mujer recostada en una hamaca sugerida por el movimiento de su cuerpo. Zúñiga siempre resistía copiar el movimiento en sus esculturas, dejando esto a la posición y dirección del volumen.  “El gesto es de reposo y abandono”, escribió el crítico Jorge J. Crespo de la Serna, y agregó “La economía notable de rasgos da una impresión de solidez y armonía, raras veces alcanzada”.11

En “La Hamaca”, las formas voluminosas recuerdan a las mujeres reclinadas de Henry Moore; Zúñiga conocía bien al artista inglés, al igual que a Lipchitz, Archipenko y Brancusi. El impacto de Moore en Zúñiga no reside tanto en la perforación del volumen para permitir que el espacio penetre la solidez de las formas, sino en esa solidez misma, como se demuestra también en el “Desnudo” de 1961.

Según la crítica Raquel Tibol, la obra de Zúñiga se caracteriza por su sensualidad, su rigor formal y su objetividad. De hecho, él siempre buscó la objetividad, las cosas como son en sí, un nuevo realismo del cual Rivera fue el precursor en México.

"La hamaca", 1957. Talla en piedra. Francisco ZÚÑIGA. 
Museo Nacional de Bellas Artes, México. Foto: AKEZ

ÉXITO Y CONTEXTO

Zúñiga fue parte de un movimiento en el seno de la Escuela Mexicana de Escultura iniciado principalmente en los veinte del siglo pasado por Oliverio Martínez, y enriquecido hasta los cincuenta por Luis Ortiz Monasterio, Carlos Bracho, Juan Cruz Reyes, Guillermo Ruiz, entre otros, con quienes aprendió y colaboró intensamente.

Formalmente se privilegió la talla directa, de forma cerrada y masiva, el sentido de monumentalidad aun en el pequeño formato, la utilización de los tipos étnicos del indígena y el mestizo, y el sistema de símbolos nacionalistas que ellos mismos ayudaron a construir, pero guardando sus respectivas improntas.

Me detengo un momento en el tema de la monumentalidad que es central a la narrativa curatorial en la muestra costarricense que nos ocupa, porque puede significar grandeza, imponencia y permanencia en la escultura, aunque no es necesariamente definida por el tamaño sino por la capacidad del artista para evocar grandeza, comunicar valores y perdurar en el tiempo y el espacio público creando una memoria e identidad que impacta.

Aunque pertenecieron a una generación posterior a la vanguardia “heroica” mexicana solo Luis Ortiz Monasterio y Francisco Zúñiga del grupo ya citado llegaron al final de sus vidas exitosamente activos y marcando hitos en la escultura latinoamericana.

Un factor decisivo en este particular fue el giro que dio el Estado mexicano, avanzada la década del cincuenta, al convertirse en una suerte de rector de la promoción de proyectos de arte público, abandonando la práctica del monumento aislado en favor de la integración de obras artísticas a proyectos arquitectónicos urbanos monumentales en lo que se conoció como “integración plástica”. Como ha explicado el historiador de arte, Agustín Arteaga, “hicieron que los artistas dependieran de manera cada vez más limitada de las comisiones públicas. La selección de estos respondió una vez más a sus vinculaciones personales o reconocimiento de sus trayectorias.”12  

En medio de los cambios políticos y el nuevo papel del Estado dando un claro uso político al arte escultórico, la figura de Zúñiga se afirma como una síntesis de la escuela mexicana de escultura ya que sus obras evolucionan de una retórica nacionalista y propagandista de la ideología posrevolucionaria a una representación que se apropia de la figura idealizada del mexicano construyendo un modelo arquetípico. De hecho, en criterio de Arteaga, “lleva a sus últimas consecuencias una poética de la “gente mexicana” que en manos de sus muy desafortunados seguidores acabará siendo cursi, banal e intrascendente”. 13

Es interesante notar que, aunque Zúñiga compartió taller y proyectos con el conocido escultor mexicano Juan Cruz Reyes, e incluso como jóvenes artistas usaron lenguajes formales similares, e impartieron el curso de escultura monumental en la escuela libre de talla directa, sus caminos terminaron siendo diferentes en términos de éxito y reconocimiento.

Zúñiga alcanzó prestigio y reconocimiento internacional como ningún otro escultor mexicano a pesar de que no era el favorito de los coleccionistas, galerías y museos en su país adoptivo.  Parte se debe a la síntesis de la Escuela Mexicana de Escultura y de la escultura clásica y moderna occidental patentes en toda su obra, pero también a la paradoja de que el éxito toca a su puerta en el momento en que ambas escuelas mexicanas, de escultura y pintura, “sucumben ante el desgaste de la reiteración y el estereotipo, logrando así que su obra alcanzará la talla de genialidad”.14

"Mujeres", 1982. Litografía a color sobre papel. Francisco ZÚÑIGA. 
Museo de Arte Costarricense. Foto: AKEZ

ARQUETIPO FEMENINO

Ciertamente es reconocido a partir de los setenta por sus figuras exentas de tamaño natural de campesinas indígenas, impregnadas de la dignidad de siglos de experiencia indígena. Los sujetos del artista son campesinos, gente sencilla, mujeres de México que un día, decía muy seguro el artista, “formarán parte de nuestro paisaje”. Sus dibujos recuerdan la obra de Orozco y de Rivera.

La temática que predominó en su obra tanto escultórica como gráfica fue la mujer indígena, el desnudo y en ocasiones la figura masculina como revela excepcionalmente en la presente exhibición su dibujo a crayón “Torso de hombre” de 1963.

Para Zúñiga, la monumentalidad se apoderó de las robustas formas piramidales de mujeres sentadas, agachadas – en cuclillas - o de pie, quietas o en movimiento, que presenta de una manera sorprendentemente similar a sus habituales modelos estoicas y vestidas de tela como se ven en su dibujo a crayón con acuarela, “Tres mujeres con rebozo” de 1968.

No obstante, las obras de Zúñiga se basan en la emoción y la acción, lo que podría ser el secreto de que su temática, tan repetida, conserve sus matices incluso después de medio siglo de producción.

Según las propias palabras de la artista: “Quizás mi mundo sea el de la representación femenina indígena y las poses que se relacionan con las antiguas culturas de Mesoamérica, lo cual es una motivación emocional predominante y de la cual reafirmo un lado irracional, valores psicológicos y herencia. Relaciono todo esto simbólicamente con lo geológico, lo terrenal del origen, más aún, lo erótico. De ahí la exageración de los pechos, los vientres, las caderas. La naturaleza en este sentido es inagotable porque la vida crece y muere. Las figuras en cuclillas son una masa esférica sostenida por dos puntos de apoyo: las piernas flexionadas. Esta es la postura para las tareas diarias, e incluso para dar a luz. Las figuras reclinadas, soñolientas o relajadas con una marcada sensualidad de animal tumbado. Figuras sentadas como pirámides o ausentes orando. Intento capturar todo ese mundo atemporal, esa resistencia que hace de México uno de los grandes pueblos de la tierra. Figuras de pie, verticalidad, características del hombre, que lo diferencian de otras especies. La caja de la cadera es importante, una especie de caparazón apoyado en las columnas de las piernas, que a su vez sostienen la columna vertebral y rematan ese eje central, la cabeza. Los paños o chales tienen una función: velar parte de la figura, enfatizar una forma o proyección, equilibrar o mantener un ritmo en la composición. En los grupos, las caderas trazan un eje horizontal de soporte para el conjunto, los espacios como volúmenes negativos, lo que en cinematografía se denomina fuera de cuadro. Los huecos o las firmes proyecciones, toda esa construcción es pensada, calculada. De importancia primordial es la luz que ilumina o resalta las formas que definen los huecos y los planos salientes, las texturas rugosas o pulidas según el material.”15

Las relaciones íntimas y fraternales entre sus personajes se definen tanto por la pose y el lenguaje corporal sutil como por la expresión facial.

"Sin título", S/F. Dibujo en tiza pastel. Francisco ZÚÑIGA. Colección Familia Castro Guardia. Museo de Arte Costarricense. Foto: AKEZ

El volumen de sus cuerpos —tan evidente en sus obras bidimensionales como en sus esculturas— expresa los volúmenes silenciosos que Zúñiga buscaba transmitir como podemos notar en su dibujo con crayón “Madre e hijo” realizado en 1970 y en su escultura en bronce del año siguiente “Desnudo de cuclillas” que han posicionado a Zúñiga como el “inventor” de la pose de la mujer agachada para transmitir todo lo que siente por los indígenas. 

En este sentido viene a colación el crítico Toby Joysmith que sostiene que “Esta pose agachada es una que solo adoptan las mujeres que viven una vida primitiva en chozas nativas donde escasean los muebles y el suelo es el lugar natural para descansar. ...Las diosas de la tierra de Zúñiga están totalmente desnudas, pero su posición agachada enfatiza una modestia innata. Los pechos se balancean y protegen con orgullo el vientre, que se hincha para velar las partes secretas que miran hacia la tierra y están ocultas. Al mismo tiempo, la cabeza está girada, ladeada en alerta, para oír la llegada de cualquier intruso. Es esta conciencia de su privacidad lo que aumenta el misterio de estas diosas agachadas.” 16

Sus grabados y litografías a partir de 1972 impulsaron la normalización de asertos como el citado en relación con las poses de sus figuras mediante una popularización que, además, permitió al artista reimaginar los bocetos de referencia para esculturas como pruebas de obras de arte de acceso más libre y democrático.17

"Mujer de cuclillas con tocado", 1971. Escultura en bronce. Francisco ZÚÑIGA. Familia Castro Guardia. Museo de Arte Costarricense. Foto: AKEZ

CONVERSANDO EN EL SILENCIO

La presente muestra en el MAC curada por Esteban Campos y Ericka Solano Brizuela enfatiza el acercamiento de Zúñiga al modelo femenino amerindio bajo la tónica explorada por el crítico belga Marcel Paquet en su obra “Zúñiga: abstracción sensible” (1992) sobre la conversación silente que mantienen sus personajes femeninos.

Paquet sostiene que “En todas las obras de Zúñiga hay de lo mismo que se afirma y se expresa en las distancias en el conjunto de figuras, como el ejemplo de lo que ocurre en las Juchitecas en conversación, que lejos de separar las figuras unas de otras, por el contrario, las ligan, las instalan en su diálogo. Aun cuando ningún sonido sale de sus bocas, aun cuando sus gestos están en suspenso, las mujeres están las unas y las otras con las unas y las otras; están unidas por el vacío, por ausencia de obra, por aquello en lo cual se es necesariamente abstracto, separado: lo sensible en tanto que sensible. Es en ese sentido que la obra de Zúñiga pertenece sin duda a la abstracción sensible''. 18

No obstante, Zúñiga ha elegido para testimoniar la comunicación basada en la presencia y el silencio grupos de mujeres juchitecas originarias de Juchitán de Zaragoza, Oaxaca, México, que son reconocidas por ser el pilar económico, cultural y social de la comunidad zapoteca del Istmo de Tehuantepec. Estas mujeres se caracterizan por su carácter fuerte, independencia, autoridad familiar y el uso orgulloso de trajes típicos bordados. Lo podemos apreciar claramente en su dibujo con crayón y acuarela de 1961 “Juchiteca” o en su escultura en bronce de 1981 “Tres mujeres caminando” que domina la nave central del museo costarricense.

Es cierto que Zúñiga trabajó con diversas modelos a lo largo de su carrera, pero sus musas principales fueron mujeres indígenas de México, específicamente del Istmo de Tehuantepec (Oaxaca) y de las zonas mayas de Yucatán.

(Izq) "Desnudo de Evelia"(Versión 1), 1968. Dibujo con sepia/papel. Colección MAC; 
(Der) "Desnudo de Evelia", 1976. Colección Walter Fernández. Francisco ZÚÑIGA.  Fotos: AKEZ

Una de sus modelos más recurrentes y emblemáticas fue Evelia, quien personificó para él un "canon de belleza diferente" al académico. El bronce de 1976 “Desnudo de Evelia” acompañado de un magnífico dibujo en sepia de otro desnudo suyo realizado en 1968 son fuertes ilustraciones de como Zúñiga se inspiraba en la fisonomía de las mujeres que observaba en los mercados y la vida cotidiana mexicana, capturando su monumentalidad y dignidad en obras que hoy forman parte de la colección del Museo de Arte Costarricense y el Museo Nacional de Arte de México.

La curaduría con intencionalidad o por intuición ha apuntado con el flujo de la muestra a una conceptualización del cuerpo humano como un valor de permanencia a partir de la obra Zúñiga dividiendo el espacio de exhibición en cinco secciones principales. El recorrido inicia con una primera sección central titulada “El cuerpo como destino” que resume sus contribuciones más emblemáticas en la etapa de madurez del artista, siguiendo con una guía histórica en las secciones “Orígenes, vínculo con lo popular” donde ilustra puntualmente los contactos iniciales con lo indígena y ancestral pero que no incluye lastimosamente algunos de sus estudios sobre arqueología, para luego estimular la reflexión a partir de la sección “Umbrales: puertas, ventanas y mujeres”.

La cuarta sección titulada “Mujeres, eternidad y presencia” es la que incluye algunas de las obras más simbólicas enlazando la vida con un sentido de eternidad a partir de conceptos atávicos como la fertilidad y la creación. La última sección conduce a una reflexión final sobre el legado de Zúñiga a partir de la relación entre su obra y la memoria.19

La curaduría enlaza las cinco secciones con una de las indagatorias temáticamente más interesantes del artista, a saber, el verdadero contraste entre la juventud y la vejez, conmovedor gracias a su incisiva visión. Para el artista, estas figuras representaban etapas del desarrollo de la mujer.

Si bien son poderosas representaciones de personas solteras, o de madre e hijo, Zúñiga no creó estas piezas a partir de figuras individuales que luego se combinaron; las concibió, desde su origen, como un grupo. El grupo evolucionó figura a figura: "Primero la anciana, luego la embarazada, luego la madre y el hijo, y por último la adolescente" explicó Zúñiga, quien agregó que “La idea es crear diferentes espacios entre cada una. Desde atrás se puede apreciar la composición vertical y los diferentes planos. Pensé mucho en este diseño. En realidad, siempre pienso en la escultura de forma abstracta y circular. También me propuse dotar a mis figuras de carácter y vitalidad.” 20

"La espera", 1967. Escultura en bronce. Francisco ZÚÑIGA. Colección Familia Castro Guardia. 
Museo de Arte Costarricense. Foto: AKEZ

El artista mexicano-costarricense decía que siempre había sentido lo mismo por las personas. Por ello, quería representar esta idea con un grupo de mujeres de México que siempre esperan algo sin saber qué. Su expresión es como una máscara. La única expresión de sentimientos o amor es hacia un niño.

Puede que no haya que buscar mayor explicación sobre el propósito de su obra excepto que se dedicó a ella disciplinadamente, con una sed insaciable por aprender y experimentar la vida sin copiar ni satisfacer las modas ideológicas. No obstante, sostuvo hacia el final de su vida que "A mí me interesa la escultura que hago, hay buena, hay mala, hay pésima y hay excelente y tal vez haya una obra maestra, pero a mí eso no me concierne”.21   

En general, la obra de Zúñiga expuesta actualmente en nuestra capital confirma una vez más que siempre hubo más de escultor en su pintura, que, de pintor en su escultura, a no ser el dibujo, que siempre soportó las masas creadas por él y registró su visión prospectiva y concepto de una estética basada en la simbiosis artística y cultural de occidente con lo precolombino.

Hoy por hoy, Francisco Zúñiga nos ha legado su testimonio como artista monotemático: la indígena, volumétrica, apenas vestida, cuando no desnuda.  Apuntando en sus bronces y terracotas a una extraña sensación de paz, debido a que no usa la figura femenina sensualmente, sino para recuperar el concepto precolombino de una madre-tierra: principio y fin de todo.

Juan Carlos Flores Zúñiga, M.A., BSc, CPLC, AICA


REFERENCIAS:

1.    Sin autor, (1987, Diciembre 3). “Entrevista a Francisco Zúñiga”. El Universal, México, D.F.

2.    Reich, S. (1980). Francisco Zuniga Sculptor: Conversations and Interpretations. University of Arizona Press, U.S.A. P. 11.

3.    Flores Zúñiga, J.C. (1985, Junio 28). Francisco Zúñiga: mito y realidad. Ars Kriterion E-Zine, San José, Costa Rica.  https://arskriterion.blogspot.com/1985/06/francisco-zuniga-mito-y-realidad.html

4.    Sin autor. (2026). Catálogo razonado de esculturas: Obra pública. Fundación Zúñiga-Laborde A.C., México, D.F. https://franciscozuniga.org/fundacion-zuniga-laborde/catalogo-razonado/escultura-sculpture/obra-publica-public-work/

5.    Cardona Peña, A. (14 de febrero, 1948). Francisco Zúñiga: escultor del paisaje”. Repertorio Americano, San José, Costa Rica. Tomo XLIII, No 1043. P. 1.

6.    Ortíz y Neuvillate, A. (1976). Zúñiga 20 Dibujos. Galería de Arte Misrachi, México.

7.    Zuniga, F. "Ideas on Sculpture," unpublished essay, n.d.

8.    Saborío-Bejarano, A. (2002) Francisco Zúñiga, un escultor universal. Acta académica, Números 30-31. San José, Costa Rica. P. 21.

9.    Zúñiga, F. 1938. Carta a Arturo Echeverría Loria, México.

10. Aviles, L. (2000) Cita de Zúñiga en “Exposición del artista mexicano Francisco Zúñiga en el Tesino”. Casa Weiss, Tremona, Ticino.

https://www.swissinfo.ch/spa/exposici%C3%B3n-del-artista-mexicano-francisco-z%C3%BA%C3%B1iga-en-el-tesino/1679114

11. Crespo de la Serna, J. (1957, Marzo 28). “Por museos y galerías” en Jueves de Excélsior, México D.F.

12. Artega, A. (2006). La escuela mexicana de escultura. Tesis doctoral. Universidad Nacional Autónoma de México. P. 176.

13. Ibid. P. 177

14. Ibid. P. 89

15. Zúñiga, F. (1999) Catálogo razonado, Volumen I (1923-1993), Albedrío y Fundación Zúñiga Laborde, A.C, México, D.F.

16. Joysmith, T. (1969, Nov. 2.3-29). "Zuniga - A Great Mexican Humanist," The News Vistas. P. 1.

17. Paper Monuments: Lithographs and drawings of Francisco Zúñiga. 11 de junio 2020. Bowers Museum. Santa Ana, California. E.U.A. https://www.bowers.org/index.php/collections-blog/paper-monuments-lithographs-and-drawings-of-francisco-zuniga

18. Pasquet, M. 1989. Zúñiga: La abstracción sensible. México, El Taller del Equilibrista (Ediciones de Equilibrista, S. A. de C. V.)

19. Calvo, E. (2025). Catalogo exposición “Francisco Zúñiga: cuerpo y permanencia”. Museo de Arte Costarricense, San José, Costa Rica.

20. Reich, S. 1980. Ibid. P. 50-51.

21. Sin autor. (Enero 16, 1999). “Zúñiga: palabra de arte”. La Nación. San José, Costa Rica. https://www.nacion.com/archivo/zuniga-palabra-de-arte/L7GSP2BICJG75DV2ZW473OMGQE/story/#:~:text=Archivo,Entrada%3A%20Gratuita

Comentarios

AICA Costa Rica dijo…
Los felicitamos por este prolijo ensayo crítico sobre Zúñiga. Da mucho contexto para aquilar el peso de sus contribuciones a la escultura latinoamericana. Gracias
Coaching en Transiciones dijo…
Un trabajo serio de investigación que enrique nuestra perspectiva sobre el escultor Francisco Zúñiga.
Jake Flores dijo…
Excelente crítica. Disfrute y aprendi mucho con la lectura.
PIlar Catalán dijo…
Gracias Juan Carlos. Un estupendo trabajo crítico sobre el maestro latinoamericano Zúñiga

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