ELLA KREBS: Textiles Paradigmáticos
Exhibición
“Fibroestructuras” de
Ella Krebs (n. 1926) Ocho estructuras textiles.
Museo de Arte Contemporáneo, Lima, Perú. Del
17de Mayo al 7 de Octubre, de 2018, de martes a domingo.
La aplicación de las técnicas textiles a las
artes visuales es relativamente reciente, si tomamos en cuenta que por siglos
fueron ubicadas por su énfasis decorativo en el ámbito de la artesanía o las artes
aplicadas.
Debemos al fundador
del movimiento Bauhaus, Walter Gropius, el que la artesanía textil empezara a
partir de 1919 a convertirse en un género artístico con vida propia. Aunque
artistas establecidos como Matisse, Picasso, Chagall, Kandinsky y Delaunay,
entre otros, realizaron diseños que luego serían desarrollados por artesanos
con técnicas y medios textiles, fue a
partir de las décadas del sesenta y setenta que las obras textiles empezaron a
ser reconocidas no sólo como productos artesanales y de diseño, sino como obras
con contenido conceptual.
Debe reconocerse la
visión de Jean Lurcat (1892-1966) que desde los talleres de tapicería de
Gobelin, promovió las bienales que consagraron a artistas como Sheila Hicks,
Magdalena Abakanowicz, Lenore Tawney y Claire Zeisler y en Latinoamérica al
mexicano Grau Garriga, a la colombiana Olga de Amaral y a la peruana Ella
Krebs, entre otros.
Desde la segunda mitad del siglo XX son
numerosos los artistas de todo el mundo que recurren tanto a técnicas textiles
tradicionales como nuevas no convencionales que incluyen fieltro, sedas, fibras
vegetales, papel o diversos elementos para la creación de sus obras, a veces
muy alejadas del concepto del tapiz tradicional, integrando lo textil
a esculturas, instalaciones y objetos de difícil clasificación
pero con mérito artístico.
En nuestro contexto, lamentablemente el
desarrollo del arte textil se ha visto limitado por un mercado y una crítica
que sigue aferrada al viejo paradigma renacentista que divide en arte y
artesanía los bienes culturales.
FIBROESTRUCTURAS
Por lo anterior, resulta oportuna la muestra “Fibroestructuras” de Ella Krebs que
mantiene abierta hasta octubre próximo en el Museo de Arte Contemporáneo de
Lima, Perú.
Aunque la muestra ha sido impecablemente
curada por la hija de la artista, Fietta Jarque, la colección en exhibición por
su número solo permite aproximarse sin profundizar, en el aporte de esta
pintora no figurativa que transitó de la figuración a la no figuración y cuya
relación con los textiles se afianzó a partir de los setentas.
Desde su primera exhibición individual figurativa
en 1951, poco después de graduarse en Lima, Krebs inició una exploración
conceptual con los aspectos físicos de los medios.
Por un lado, con el cinetismo (Op-art) del
cual fue participe y que le permitió aprovechar la ilusión del movimiento
mediante la vibración del color y la línea, lo cual fue manifiesto en sus obras
de los sesentas en lo que en Perú se conoció como el movimiento de “Arte
Nuevo”.
Por otro lado, su curiosidad natural fue
avivada por dos hechos que favorecieron el desarrollo de su veta textil:
primero, su atracción por los textiles que se vendían en un centro artesanal a
un costado de su casa en Barranco, Lima, que la llevaron a dividir su tiempo
entre la pintura y el aprendizaje de las técnicas textiles artesanales. Y,
segundo, el descubrimiento de las soguillas con que venían amarrados los libros
que provenían de México y que absorbían muy bien los tintes y que le sirvieron
para elaborar sus primeros tapices.
Con el descubrimiento del henequén mexicano o
fibra de sisal y de la lana andina, Ella Krebs dio un vuelco a su carrera que
transformó su pintura formal de manera rotunda. Su conexión con el movimiento
de la nueva tapicería cuando viajó a México terminó de afirmar su norte como artista
textil.
PROPUESTA POÉTICA E INTEGRADORA
La exhibición en el MAC resume la producción
textil desarrollada por Ella Krebs a partir de 1976. Cada una de estas obras está enraizada en la
tradición textil precolombina, particularmente quechua, pero los códigos que
sirvieron a los incas para comunicar sus creencias e historia han sido
definitivamente recodificados por la artista que habla a una audiencia contemporánea
interesada, pero, por lo general, desconocedora de la cultura prehispánica.
El objeto de cada creación es transformar el
espacio en que habitan sus estructuras mediante el color, la forma y las
fibras. No estamos ante tapices, sino
literalmente esculturas tridimensionales de fibra que invaden el espacio y congelan
el tiempo. Los nombres indígenas con que la autora titula cada obra o conjunto
textil son a lo sumo románticos, ya que las lecturas posibles superan la
anécdota.
La muestra está organizada con base en cinco
obras que la curaduría hace lucir dependientes de un tríptico central llamado
“Chancay”. La mismas fueron desarrollados entre 1976 y el 2004 en técnicas
mixtas, con excepción de la obra “Pacha mama” (1976) realizada con base en
madera, soga y lana de alpaca. El titulo deviene de la Mama Pacha una diosa totémica
de los Incas representada por el planeta Tierra, al que se brindaban presentes.
El tríptico Chancay domina la muestra. El
sugerente título y composición produce en el espectador tanto nativo como
foráneo una conexión ancestral. Sin embargo, este nombre solo se puede
comprender si se tiene en cuenta la migración de la Cultura Chavín de Huantar,
pues, es un derivado de la frase quechua "chan-cay-lla" que significa
"está a un paso" y este significado coincide con la característica
del lugar: Desde las alturas de Pasamayo, que está en Chancay, el mar se ve muy
cerca, tanto que parece que de un salto se pudiese llegar a ella. Y este
concepto en quechua se expresa como "chan-cay-lla".
La autora más que poner título a cada obra o
conjunto ha provocado una lectura poética enraizada en la lengua quechua y
cultura de los antepasados incas. Tanto las dos obras a la izquierda de la
muestra como las tres a la derecha son dependientes del conjunto central debido
a su poética, que algunos de sus coterráneos han identificado como “abstracción lírica” empatándola con la
tendencia no figurativa andina de pintores como Szyszlo en Perú y Pantoja en
Bolivia. Es interesante, porque tal término,
asociado desde 1910 con la pintura abstracta de Wassily Kandinsky, no
corresponde a los códigos culturales que explora Krebs. Tampoco a su
intencionalidad, ya que el lirismo se centra en sentimientos, mientras que la
poética que hallamos en Krebs es sensorial, pero no emocional. Hay una creadora
racional detrás de los hilos que se entrelazan en la urdimbre cada “telar”.
Lo que quiere decir esto, es que la obra de
Krebs ha trascendido la tradición precolombina, medios y técnicas artesanales, para
proveer nuevos significados plásticos abiertos a potenciales interpretaciones metafísicas
y experiencias sensoriales. Aunque su obra establezca correspondencias
precolombinas, es contemporánea en concepto y en factura.
Una lectura tentativa del uso del espacio, y
los títulos que evocan las obras desplegadas explican el por qué. A la
izquierda se evoca la madre tierra con “Pacha
Mama” y un textil contiguo horizontal de tonalidades oscuras, grises y
verdes, mientras a la derecha del conjunto
central encontramos la obra “Puka”
que significa rojo, seguida de “Komer
Pampa” que designa un lugar real, árido y seco, en el desierto e “Inti Raymi”, a la entrada de la sala, que
designa la ceremonia incaica y andina celebrada en honor de Inti (sol), que se
realiza cada solsticio de invierno en el Cuzco y otras regiones andinas.
LEGADO
Krebs no solo ha logrado integrar el medio
textil a una nueva tradición plástica, sino que la ha conectado con un pasado
distante pero influyente en la cultura de su país.
La artista que pronto cumplirá 92 años
recuerda que cuando regreso a Lima para exponer su obra textil encontró un
público receptivo pero un mercado tradicional reticente que no tenía interés en
adquirir arte textil.
Esto la obligó a volver a la pintura mediante
distintas series de corte no figurativo que tituló sucesivamente Mutaciones,
Eclosiones, Tensiones, Intervalos y finalmente Variaciones en su última
exhibición individual en Lima que data del 2011.
Su obra está dominada por la abstracción
tanto en el medio textil como en el pictórico.
No hay un divorcio entre ambos géneros, si bien en su pintura la textura
de las fibras ha sido compensada por trazos continuos y colores telúricos. Su
poética es la misma, si bien resuena más fuerte en sus textiles.
En términos de legado, el mérito de Ella
Krebs es haber sido fiel a su vocación como artista no figurativa, pero integrando
su concepto abstracto a una tradición prehispánica con el objetivo de comunicar
a un nueva generación ávida pero desconocedora de su identidad y destino.
Juan Carlos Flores Zúñiga, M.A., BSc, CPLC, ACC
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