II RESUMEN ANUAL 1985: Indagatoria y Expectativas
Resumen anual: pintura y técnicas mixtas. Primera Entrega. Autores
nacionales y extranjeros que confrontaron su obra durante 1985, en galerías
locales y fueron objeto de crítica.
DEL PAÍS
La práctica pictórica en Costa
Rica ha venido creciendo mediante una constante indagatoria de la realidad
(mundo interior y exterior del artista) como concepto, y un refinamiento del
oficio o destreza manual.
De los aproximadamente quince
mil artistas que viven de las artes visuales localmente, la mayoría no escapa
al condicionamiento del mercado orientando por la tendencia del paisaje nativo
o atmósfera laxativa típica, con la connotación “chauvinista” que limita la
universalidad de la producción.
Son los que por comodidad
satisfacen una demanda comercial con una obra generalmente complaciente, que
defienden con un currículo donde no falta el premio nacional y las pertinentes
exposiciones individuales.
Existe un número significativo
de autores que, por su constancia, honesta búsqueda y conocimiento – no siempre
afortunada -, que se separan de la medianía, aunque a veces eso los margine de ser
invitaciones a confrontaciones públicas necesarias.
Más que su obra todavía sin
concretar y de calidad no definida, es su conducta artística la que alimenta
cierta esperanza sobre el futuro de las artes visuales en Costa Rica.
Es el caso, por ejemplo, de
Lola Fernández (Colombia, n. 1926) cuya retrospectiva, algo prematura, puso en
evidencia un proceso de tres décadas de indagatoria, con algunas interrupciones. Aunque buena parte de su obra es decorativa, y
a veces fría por lo comedida, es quizá la única de la generación del cincuenta
que testimonia con honestidad, inteligencia y emoción auténticas.
Sin embargo, no creo que haya
llegado al límite de sus posibilidades, por lo que nuestra exigencia hacia su
obra debe crecer a partir de la calidad percibida; en al menos una de cada diez
de sus pinturas que la vindican como artista.
Serie: testimonio, "La Fábrica", 1983, Técnica mixta sobre tela. Lola Fernández
Muy distinto es el caso de Rafael
“Felo” García (Cartago, n. 1928), su
compañero de generación, quien tras aportar “novedad” técnicas y teórica, ha
venido reiterándose formal y temáticamente, sin profundizar en el concepto,
solazándose en un preciosismo vacío, como revelan sus monotipias de paisajes
urbanos.
Además, confirma, con su
actual figuración que para él las tendencias posmodernas, como el expresionismo
abstracto, eran solo aventuras estilísticas sin mayores consecuencias.
Otro tato ocurre con los
autores Rafael Ottón Solís y José Miguel Rojas, representante de parte de la
nueva generación de pintores, quienes se nutren de lo pueril de la vanguardia (neoexpresionismo,
pop y conceptualismo) sin aportar autenticidad, respondiendo más a las maneras
importadas que al fondo, ya que no participan del contexto sociocultural que
genera esas modas artísticas.
Revelan, no obstante,
ignorancia de la historia que los lleva a guardar silencio ante los aportes de
creadores nacionales y foráneos. A cambio ofrecen una falsa contemporaneidad y
violencia gratuita que su vivencia local no explica.
Tenemos también, autores como
Carlos Poveda (San José, n. 1940) quien, pese al manejo de recursos visuales
ajenos, particularmente del arte y diseño italiano y venezolano. Intenta ofrecer un camino alternativo, basado
en una indagatoria plástica que por las muchas influencias lo debilita como
creador. Su desgarre del papel, su quemado,
su empleo del pigmento diluido y otros efectos visuales; le restan vigor y por
comedida su factura resulta insípida.
Pero Poveda investiga y
trabaja, lo que permite alimentar expectativas válidas. Su conducta artística
es indispensable como ocurre con autores constantes e íntegros como Edwin Cantillo,
Alvaro Bracci o Adolfo Siliézar.
Por otra parte, 1985 nos
permitió discernir entre el mito y la realidad de la pintura fundacional local,
merced sendas retrospectivas de Francisco Zuñiga y Alex Bierig. La pintura de Zúñiga (San José, n. 1912) del
período 1927-1935, es trabajo de aprendiz y, en su mayoría de encargo como es
lógico de un autor adolescente. Contra
lo supuesto por algunos comentaristas locales, la pintura de Zúñiga de este período
no tiene relevancia para la historia del arte.
En cuanto a Alex Bierig
(Alemania, 1884-1963), aportó una conducta profesional, aunque dentro de un
esquema academicista rígido, indispensable como antecedente histórico, más como
aporte.
Lugar aparte merece la
reaparición de Carmen Santos, cuya obra monocroma y no figurativa marcó un
paréntesis positivo en las irregulares colectivas del año: su obra de esencia vital
surge de una particular intuición plástica, que requiere, para su
enriquecimiento y consolidación, de un gran aporte analítico. Su fuerza es la intuición,
no el conocimiento, y aquella, como la ingenuidad es aparente y fugaz.
DEL EXTRANJERO
El año que termina fue pródigo
en muestras artísticas foráneas, con la ventaja de que algunos autores las
propiciaron a partir de su residencia aquí, como el boliviano Oscar Pantoja y
el nicaragüense, Alejandro Aróstegui.
Individualidades ampliamente
conocidas en sus respectivos países, que socioculturalmente padecen problemas
similares a los nuestros, han encontrado terreno fértil aquí para crear, más no
para proyectarse ampliamente.
En un mundo de agudo
eclecticismo, Pantoja sorprende por su proceso plástico auténtico, a partir de
la realidad latinoamericana que descompone en valores plásticos: texturas que
sugieren lo pétreo, luces doradas que transmiten calidez, colores planos que
afirman atmósferas evocadoras de la soledad y lo ancestral.
Este autor andino que
comulga con lo críptico llega a la entraña propia de las cosas, sin obviedad, a
través de un cierto enfrentamiento de la realidad con la poesía.
"Abstracción", 1985. Óleo y técnica mixta sobre tela. Oscar Pantoja.
Aróstegui tiene en común con
Pantoja que ambos testimonian la sensibilidad. El pintor nicaragüense confrontó
esporádicamente sus latas comprimidas en planos geométricos evolucionando de
una expresión patética por lo monocroma de la década del 70, a un colorido
sobrio donde los elementos plásticos predominan sobre el tema.
La lata sigue siendo el
punto de partida y encuentro de la lectura de su obra, pero su indagatoria lo
está llevando a una obra mayor, que apenas se intuye en la actual.
Por otra parte, el
guatemalteco Arnoldo Ramírez Amaya, reveló con su muestra no sólo la crisis de
la pintura y la gráfica en su país, sino también en la región.
Compartimos de hecho las mismas deficiencias
que su obra evidencia a saber: el empleo abusivo de efectos del oficio como
brillos, veladuras y texturas, así como un acomodadizo compromiso sociopolítico
que limita la obra a una coyuntura particular que le niega trascendencia.
El balance de 1985 permite
prever importantes progresos en la práctica pictórica en término de conducta
artística. La concreción de expectativas sobre la obra dependerá más de un
mayor trabajo, así como de exigencia interna y externa.
Juan Carlos Flores Zúñiga, M.A., BSc, CPLC, ACC, AICA
Fuente: La Nación. SINABI (2018), p.2B. Publicado el viernes 27 de diciembre, 1985. Revisado por el autor el 31 de enero, 2019.
Juan Carlos Flores Zúñiga, M.A., BSc, CPLC, ACC, AICA
Fuente: La Nación. SINABI (2018), p.2B. Publicado el viernes 27 de diciembre, 1985. Revisado por el autor el 31 de enero, 2019.
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